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domingo, 5 de abril de 2015

UN MES SIN AZÚCAR. ¡RETO CONSEGUIDO!


En mi trabajo, veo diariamente a gente preocupada por su físico. Gente que entrena duro para lograr un objetivo. Gente, ante la que me quito el sombrero, que se esfuerza por llevar una vida cada vez más sana.
Por otro lado también veo gente que piensa que haciendo algo de ejercicio diario puede borrar de su cuerpo las señales de una mala alimentación, o de unos vicios alimenticios. Lamento comunicar que esto no funciona así. Como siempre digo, los buenos resultados se consiguen llevando una vida sana, y una vida sana se compone no sólo de ejercicio diario, sino también de una dieta equilibrada y sana.
Para que una dieta sea equilibrada ha de incluir la cantidad correcta tanto de macronutrientes (hidratos de carbono, proteínas y grasas) como de micronutrientes (vitaminas y minerales), ambos vitales para el correcto funcionamiento de nuestro organismo. Para que esta dieta sea sana ha de evitar excesos, fritos, grasas saturadas y trans, y, sobre todo, lo que yo llamo vicios alimenticios.
A mi parecer, deshacerse de estos vicios es lo más difícil. ¿A qué me refiero con vicios? Muy sencillo: ese refresco de cola que acompaña las comidas (aunque sea light), esa galletita o chocolate que te ponen en la cafetería acompañando tu café y que, por su puesto, te comes, esa onza de chocolate que te tomas después de la comida, ese mini-croissant que te pides cada vez que almuerzas con los amigos, ese vaso de cacao que te tomas antes de acostarte… La lista sería interminable. Pensadlo, ¿a que tenéis alguno de estos vicios?

No sé si os habéis dado cuenta, pero todos estos vicios, y la gran mayoría de los que se os puedan ocurrir, tienen algo en común: el azúcar refinado. Algo que, aunque muchos se niegan a admitirlo, es adictivo. Tanto es así que la industria alimenticia cada vez lo añade más a los alimentos procesados, sabiendo que así aumentará la demanda.

Sé que hay muchos estudios que avalan las propiedades nutricionales del azúcar. Pero también sé que estos estudios han sido patrocinados por grandes marcas a las que les interesa que la gente piense que el azúcar es bueno para la salud. Tened cuidado, pensad que si la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha recomendado reducir la ingesta máxima diaria de este producto es por algo.
Como siempre digo, el azúcar está cargado de calorías vacías, es decir, no contiene ni vitaminas, ni minerales, ni ningún otro nutriente necesario para nuestro organismo. Así, nuestro cuerpo no sabe qué hacer con estas calorías y las almacena en forma de grasa.
Teniendo esto en cuenta, y sabiendo que comienza la temida operación bikini, decidí proponer un reto a mis alumnos. Un reto lanzado con la intención de intentar que no caigan en la tentación de seguir una de las peligrosas dietas milagro. Propuse estar un mes sin tomar azúcares refinados.
Son muy pocos los que se comprometieron a intentar el reto. Muchos dijeron que no alegando que es imposible no comer dulces en determinadas fechas, otros alegaron que no pueden vivir sin alguno de esos vicios, y, de entre todas, la frase que más escuché fue : “total, con el poco azúcar que como no se notará tanto”. Ésta es la frase que impulsó el post que escribo hoy. Yo, una persona que realiza actividad física a diario, que sigue una dieta equilibrada y limpia desde hace años, me comprometí ha realizar el reto y a hacer públicos los resultados. Pues aquí están.

He de confesar que me sorprendí a mí misma teniendo más vicios de los que pensaba, que mi dieta sí, era equilibrada y limpia pero no del todo sana. También me sorprendió descubrir que era una de las que piensa aquello de “total, si lo voy a quemar, no pasa nada”. Pues sí que pasaba.
Os comento: cada vez que tomaba un cortado (alguna hora libre entre clases o cuando quedaba con alguna amiga) le echaba el saquito de azúcar y, por supuesto, me comía el chocolate o la galletita que ponen acompañándolo. El día que meriendo fuera de casa siempre pedía algo dulce porque mis clases ese día son más intensas y, aparte de pensar aquello de “lo voy a quemar”, tenía la falsa idea (que tienen muchos) de que el azúcar da energía. Y cuando comía en casa de mis padres siempre acompañaba la comida con refresco de cola y tomaba algo dulce para acompañar el café (que, por supuesto, llevaba su cucharadita de azúcar).
Como veis, en comparación con otros, yo no comía tanto dulce y, además, soy una persona físicamente muy activa.
Así que comencé el reto. Confieso que al principio costó un poco. Acostumbrarse al sabor del café sin azúcar, decir que no a chocolates, galletas y postres… No, no es fácil. Pero esto sólo duró unos días. Enseguida mi mente se acostumbró a que el café ya no llevara nada dulce y a que los domingos ya no hay refresco de cola ni postre dulce.
Aquí tengo que hacer un inciso, cuando comencé el reto muchos se pensaron que pretendía hacer una dieta cetónica. NO. Como bien sabéis, estoy muy en contra de este tipo de dietas, que eliminan algún macronutriente vital para nuestro organismo (en breve os hablaré de estas dietas). Mi dieta ha seguido siendo la misma durante este mes (arroces, pastas, patatas, huevo, leche y lácteos, carnes blancas y rojas, fruta, verdura, cereales…). He seguido comiendo de todo, con mi dieta equilibrada y limpia. Sólo la he hecho más sana.

El caso es que empecé a notar cambios físicos en la primera semana de reto y en la segunda semana me encontraba mucho mejor, no sólo físicamente, me sentía con más energías que cuando tomaba azúcar y me mejoró el humor notablemente. Todos estos cambios, tanto físicos, como fisiológicos y psíquicos, me hizo buscar información. Ahora estaba segura al 100% de que el azúcar no es tan bueno como nos venden en la televisión. Quería saber qué le hace el azúcar a nuestro organismo, porque, sinceramente, me encuentro mucho mejor ahora que no lo tomo que cuando lo tomaba. Lo que encontré confirmó mis dudas, el azúcar no es nada bueno para nuestro organismo.
Como ya he comentado en más de una ocasión, nuestro cuerpo almacena las calorías que consumimos de azúcar en forma de grasa, y, sí, lo habéis adivinado, esa grasa no es de la considerada como grasa buena. Así que el consumo de azúcar puede aumentar los niveles de colesterol malo (LDL) y con ello aumenta el riesgo a sufrir enfermedades cardiovasculares.

Por otro lado, su absorción es muy rápida, por lo que genera un estado de hiperactividad y euforia repentina. Pero ese pico dura muy poco tiempo, en cuestión de minutos pasamos a sentirnos cansados y desganados. Estos picos tan rápidos alteran el sistema nervioso, lo que hace que nos volvamos irritables, agresivos y que nos sintamos, en general más débiles.
También hay que tener cuidado porque el azúcar blanco está considerado como un gran descalcificador óseo. Cuando nuestro cuerpo lo metaboliza, produce unos residuos ácidos que ha de neutralizar. Para poder hacerlo necesita calcio, un calcio que ha de coger de nuestros huesos. Así que mucho cuidado porque puede acelerar la aparición de osteoporosis, artrosis, artritis… Pero no sólo crea un déficit de calcio, también lo crea de magnesio y vitaminas (sobre todo de las del grupo B, lo que provoca trastornos en el sistema nervioso).
Por otro lado también debilita el sistema inmunitario favoreciendo el aumento de bacterias, parásitos y hongos creando infecciones como la persistente cándida.
Además, el hecho de que cree déficit mineral en nuestro organismo puede hacer que no asimilemos bien los alimentos. Para poder asimilar los alimentos estos son descompuestos por enzimas que sólo funcionan correctamente cuando el equilibrio mineral de nuestro cuerpo es apropiado. Si el equilibrio no es correcto, nuestro cuerpo no asimila bien los alimentos, pudiendo llegar a provocar alguna alergia alimentaria.

Como veis no exagero cuando digo que me encontraba mejor a los pocos días de comenzar el reto. En ningún momento me sentí decaída o de mal humor. Todo lo contrario, mi humor ha ido mejorando con los días y, día a día, me he sentido con más energía, algo que he notado en todas y cada una de mis clases.
A estas alturas y, más ahora que sé todo lo que el azúcar puede dañar mi salud, he tomado la determinación de seguir sin tomar azúcar. No hace falta para nada.
Ahora, ya que este reto comenzó como algo físico, intentando evitar que la gente empezase con las dietas milagro os comento lo que le ha pasado a mi físico en las últimas 4 semanas.
Aunque no me podía quejar de mi físico, como he comentado comencé a notar cambios desde la primera semana. Estos cambios fueron muy llamativos la primera semana (cuanto más hay que perder más rápido se pierde), sí, pero no han parado durante todo el mes.
En resumen, en estas cuatro semanas he perdido 2kgs de peso. También he perdido más del 2% de grasa corporal, por lo que puedo decir que el peso que he perdido es grasa corporal, no músculo. Algo que también queda corroborado por el volumen perdido: en estas cuatro semanas he perdido 6cm de contorno de cintura, 9cm de contorno de cadera y 3cm de contorno en cada pierna.
Pues sí, no me podía quejar de físico, pero ahora mi cuerpo se ve más definido, más acorde a mi profesión, más de acorde a mi dieta y mi entrenamiento.


Como veis, el azúcar no aporta ningún beneficio a nuestro organismo. Más bien al contrario, lo daña a todos lo niveles. ¿Buscáis una vida saludable? Eliminad este producto de vuestra dieta, vuestro cuerpo lo agradecerá. ¿Buscáis un cambio físico? No acudáis a las peligrosas dietas milagro, es tan sencillo como seguir una dieta equilibrada y eliminar el azúcar. Habéis visto mis resultados, ¡funciona! Y si yo, que casi no consumía azúcar, he logrado estos resultados, imaginaos qué le pasará a una persona con más vicios…
Os animo a que lo hagáis. Retaos a pasar un mes sin azúcar. Veréis que dejaréis de necesitarlo y que mejoraréis en todos los aspectos. Ya me contaréis. J


Para cualquier consulta: mejorsiesconsalud@gmail.com

domingo, 22 de marzo de 2015

HIPERTENSIÓN. CONTROLALA CON EJERCICIO


¿Os habéis tomado la tensión últimamente? Estoy segura de que la gran mayoría de vosotros va a responder que no. Incluso muchos no se la habrán tomado en años. Hay quien no sabe si es de tensión alta o baja. También los hay que, cuando van a que les midan la tensión, ven números y no saben qué significan. Simplemente se dejan medir y hacen caso de lo que les dice el doctor o farmacéutico.
Hoy pretendo daros un toque sobre este tema, ya que es de vital importancia para la salud que reviséis de manera periódica vuestra tensión arterial.
Si sois, como yo, de tensión baja (hipotensión) sufriréis ligeros mareos de vez en cuando, sobre todo con el calor y, en caso de las mujeres, en el momento de menstruar. Pero si vuestra tensión es alta (hipertensión), cuidado, vuestra salud cardiovascular está en peligro.
Se habla de hipertensión cuando el aumento de la presión arterial se hace crónica, es decir, perpetua. Se trata de una enfermedad que se ha de tratar con fármacos. El gran error que comete la inmensa mayoría es que espera a notar algún síntoma para acudir al médico. Lo malo es que esta enfermedad en cuestión puede estar mucho tiempo sin dar síntomas (hay gente hipertensa que no sabe que lo es), así que, cuando se acude al médico, en ocasiones, ya es tarde.
Si no se trata, la hipertensión puede desencadenar enfermedades graves como un infarto de miocardio, una hemorragia o una trombosis cerebral. Las primeras consecuencias de la hipertensión las sufren las arterias, que se van endureciendo conforme van soportando la presión arterial alta de manera continuada. Al endurecerse, cada vez se hace más difícil que la sangre pase por ellas. Esto es conocido como arterosclerosis, y es el primer paso para las enfermedades que acabo de citar.

Todo esto puede evitarse con un buen seguimiento y control.
Prevenir la hipertensión puede llegar a ser complicado, ya que no se ha logrado describir todavía ninguna causa específica que la desencadene. Eso sí, hay una serie de factores que suelen estar presentes en la gran mayoría de personas hipertensas. Alguno de estos factores no son modificables:
-                      Herencia: por desgracia, la hipertensión puede ser hereditaria. Si tus padres son hipertensos y/o tus abuelos también lo son, tienes grandes posibilidades de padecerla tú también. Se ha demostrado que cuando una persona tiene un progenitor (o los dos) hipertenso, las posibilidades de desarrollar la enfermedad son el doble que la de las personas cuyos padres no tienen este problema.
-                      Sexo: por lo general, los hombres tienen más predisposición a desarrollar la hipertensión que las mujeres, hasta que éstas llegan a la edad de la menopausia. En esta etapa la probabilidad de sufrirla es la misma en ambos sexos.
Esto es así porque las mujeres en edad fértil segregan estrógenos, una hormona protectora. A esta hormona le han de agradecer el hecho de tener menos riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Eso sí, cuidado. Si tomáis píldoras anticonceptivas aumentáis vuestro riesgo a padecer hipertensión.
-                      Edad: la presión arterial tiende a aumentar con los años, por los que, lógicamente hay un mayor número de hipertensos de edad avanzada.

Por el contrario, hay otros factores que sí se pueden modificar:
-                      Sobrepeso: está comprobado que, a medida que se aumenta el peso, aumenta la presión arterial. La frecuencia de hipertensión entre la gente obesa es entre 2 y 3 veces superior a la de aquellos cuyo peso es normal. Los últimos estudios apuntan a que la obesidad provoca una serie de alteraciones que serían, en parte, responsables del aumento de la presión arterial. La reducción de peso hace que desaparezcan estas alteraciones.
-                      Sedentarismo: como imaginaréis, este punto esta estrechamente ligado con el anterior. El sedentarismo provoca obesidad, con todo lo que ello conlleva.
-                      Causas hormonales: aquí entran tanto las causas endógenas (problemas hormonales que tengamos de manera natural) como las exógenas. En estas últimas entran tanto la administración de esteroides como la administración de anticonceptivos orales (alrededor del 5% de las mujeres que toman anticonceptivos pueden desarrollar hipertensión).
-                      Drogas y toxinas como el alcohol, la cocaína, ciertos fármacos y la nicotina.

Con respecto a las causas no modificables no podemos hacer nada, pero con el resto sí. Empezad a controlar desde ya vuestra tensión y cambiad algunos hábitos de vida para intentar no desarrollar la enfermedad. Si no estáis del todo convencidos, una advertencia: una vez eres declarado hipertenso, lo eres de por vida. La hipertensión, en la mayoría de los casos no tiene cura, se ha de controlar llevando un tratamiento farmacológico que ayuda a mantener la tensión en los límites sanos. A parte de este tratamiento, todos los médicos aconsejan, como yo acabo de hacer, cambiar ciertos hábitos para controlar mejor la enfermedad: reducir el peso corporal (si se tiene sobrepeso), reducir la ingesta de sal, seguir una dieta rica el ácidos grasos poliinsaturados y pobre en grasas saturadas, reducir el consumo de cafeína, reducir el consumo de alcohol, dejar de fumar (en el caso de los fumadores) y, como no, realizar ejercicio físico.
Sí, bien al contrario de lo que se pensaba antaño, desde hace unos años la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Sociedad Internacional de Hipertensión Arterial, incluyen la recomendación de realizar ejercicio físico entre las medidas no farmacológicas destinadas a disminuir la tensión arterial.
Es recomendable realizar de 30 a 60 minutos de actividad física entre 3 y 5 días a la semana. El ejercicio correcto bien realizado puede llegar a reducir los valores de tensión arterial en personas hipertensas. Alguno de los ejercicios más efectivos a este respecto son:

-                      Bailar: excelente complemento para los tratamientos médicos ya que mejora la capacidad cardiovascular, diminuye los niveles de colesterol y de presión arterial.

-                      Correr: aumenta los niveles de colesterol bueno (HDL), reduce los coágulos en sangre, mantiene el corazón en buen estado, acelera el metabolismo (ayudando a perder volumen) y reduce el riesgo de padecer hipertensión.

-                      Montar en bicicleta: ideal como entrenamiento de resistencia. Fortalece el sistema cardiovascular, el metabolismo y el sistema inmune. Además, tonifica los músculos de las piernas y de la espalda y no se sobrecargar las articulaciones.
En general, cualquier deporte de resistencia ayudará a mejorar los niveles de presión arterial. Aunque la mejora sea mínima, aunque parezca que la presión ha bajado muy poco con el ejercicio, esa pequeña bajada va a hacer que se reduzca el riesgo a sufrir enfermedades cardiovasculares.
Eso sí, si eres hipertenso y vas a comenzar un programa de ejercicio, visita primero a tu médico. Según tu nivel de hipertensión te recomendará comenzar de una manera u otra. Hay que tendrá que comenzar con 15 minutos de caminata para ir aumentando el tiempo de manera progresiva hasta llegar a los 60 minutos. Si eres hipertenso, por favor, no comiences a hacer ejercicio sin consultar con tu médico.

Lo bueno es que no hace falta esperar a que te den cita para visitar a tu médico de cabecera. Hoy en día es muy fácil y cómodo tener un aparato en casa para poder medirte la tensión tú mismo, en caso de tenerla alta, es hora de visitar al médico. Para los que no sepáis leer los datos que aparecen en la pantalla del tensiómetro, os lo comento:
El número más alto que aparece es la tensión sistólica, es decir, la que genera el corazón cuando bombea sangre al resto del cuerpo. El número más bajo es la diástolica, la presión que hay en los vasos sanguíneos entre cada latido del corazón.
La tensión arterial se mide en milímetros de mercurio (mmHg) y se clasifica según los valores de la sistólica y la diastólica en:
Normal: menos de 120/80 mmHg.
Prehipertensión: de 120/80 a 139/89 mmHg.
Estadio 1 de hipertensión: 140/90 a 159/99 mmHg.
Estadio 2 de hipertensión: 160/109 a 179/109 mmHg.
Estadio 3 de hipertensión: mayor de 179/109 mmHg.


Como veis, vuestra tensión no es algo que se pueda tomar a la ligera. Haceos un seguimiento periódico, no cuesta nada (no tardaréis más de un minuto es tomaros la tensión) y, como no, llevad una vida sana. Sí, una vez más el estilo de vida saludable se manifiesta como la mejor previsión. Llevad una dieta equilibrada, realizad alguna actividad física a diario y eliminad vicios insanos (tabaco, alcohol…). Vuestro corazón os lo agradecerá. J

miércoles, 28 de enero de 2015

LA DIETA DE LOS PUNTOS. ¿QUÉ VALOR LE DAS A TU SALUD?


Sí, lo habéis adivinado. Hoy voy a desgranar otra dieta. Una dieta de la que he oído hablar mucho durante los últimos meses y, para mí, una de los mayores disparates que se han desarrollado (en lo que a dietas se refiere) en los últimos tiempos.
Una vez más, hablo de una dieta milagro, una dieta que promete hacerte perder peso comiendo lo que quieras, en la cantidad que quieras y al ritmo que quieras. Sí, al ritmo que quieras, según lo rápido que quieras adelgazar, se te asignarán unos puntos u otros. Espero que veáis en esto, como yo, una estrategia de marketing más. Una vez más, se le dice a la gente que no sabe lo que hacer lo que quiere oír, se le convence a base de venderle facilidades y ya está, producto vendido (ya sea un libro, unos batidos…), a llenarse los bolsillos a costa de la salud de los demás.
Ahora, muchos estarán diciendo aquello de “pues yo sigo esta dieta y me funciona”. Vale, no pongo en duda que le funcione a mucha gente, como tantas otras dietas milagro. Pero antes de lanzarte a seguir una dieta, has de mirar si te conviene, no por razones de peso, sino por razones de salud.
Hemos de tener en cuenta que una dieta no se ha de seguir única y exclusivamente con la finalidad de cambiar algo en nuestro cuerpo (volumen, masa muscular…). La dieta que sigas ha de aportarte todos los nutrientes que tu organismo necesita en la medida necesaria. Así, no sólo lograrás los objetivos que te has planteado, sino que, además, tu salud no se verá afectada.

Ahora, ¿por qué tiene tanto éxito esta dieta? Fácil. Promete grandes resultados comiendo lo que quieras en las cantidades que desees. Seamos sinceros, ¿no os engancharía también a vosotros esta publicidad si fueseis personas a las que les cuesta llevar una buena dieta, de esas que no pueden vivir sin el dulce? Pero, como he dicho antes, hay que saber ver más allá de lo que te intentan vender.
Para los que nunca hayáis oído hablar de la dieta de los puntos, os explico: esta dieta la creó un señor llamado Guido Razzoli, quien propone una dieta basada en un sistema de puntuación. Es decir, dependiendo de tu sexo, tu edad y tus objetivos, se te van a asignar un número de puntos. Estos serán los puntos máximos que podrás consumir en un día. Si algún día te pasas de puntos, no te preocupes, al día siguiente los compensas (restas el número de puntos de más que has consumido a tu puntuación diaria) y ya está. Lo mismo pasa si algún día consumes puntos de menos, al día siguiente puedes comerlos de más. Dependiendo de tus objetivos tu puntuación rondará entre los 40 (perder peso rápidamente) y los 70 (mantener tu peso).
Como veis es un planteamiento muy sencillo. Otra de las premisas que ha hecho que esta dieta tenga tanta aceptación es que aboga por el consumo de gran cantidad de alimento. Sólo hay que tener en cuenta que, si en una sola comida ingieres dos alimentos cuyo valor sea 0, entre los dos alimentos sumarán 1 punto. 

¿Puedo ser sincera? El primer día que oí hablar de esta dieta me mosqueó, y mucho, que adjudicasen puntos a los alimentos, y mucho más cuando supe en qué se basa esta puntuación.
Los puntos que se le ha asignado a cada alimento dependen de la cantidad de azúcar que contiene. Cuanta más azúcar contiene el alimento, más puntos se le asignan. Muchos pensaréis que es lo normal, pero no, no lo es. Os explico:
El azúcar es algo muy necesario para el correcto funcionamiento de nuestro organismo. Es lo que le da la energía a nuestros músculos para moverse (recuerdo que el corazón es un músculo). Es lo único de los que se alimenta nuestro cerebro. Lo único que debemos de saber es distinguir entre los azúcares necesarios (hidratos de carbono, fructosa…), que nos aportan energía y nutrientes que nuestro organismo aprovecha, y los azúcares malos (azúcar refinado), que sólo son calorías vacías, sin nutrientes, calorías que nuestro cuerpo no aprovecha y acumula en forma de grasa.
Pero el señor Razzoli no tuvo esto en cuenta. Mete a todos los azúcares en el mismo saco. Imaginaos la cara que se me quedó cuando cayó en mis manos una lista de puntos en las que se basa esta dieta y vi que al pescado frito se le adjudican sólo 3 puntos, pero, esperad, si la fritura es de carne se le adjudican 0 puntos, y lo mejor, ¡¡¡puedes devorar 250grs. de manteca de cerdo por 0 puntos!!! Paraos a analizar un poco esto. Fritos con una puntuación de 0. Vale, no tienen ningún tipo de azúcar, pero el aceite, al freírse, se transforma en grasa trans, la peor para nuestra salud. ¿Manteca de cerdo 0 puntos? No tiene azúcar, estamos de acuerdo, pero, ¿realmente creéis que una persona que quiere perder grasa lo va a lograr a base de manteca de cerdo? A parte de esto, pensad en su salud cardiovascular: colesterol alto, hipertensión, accidentes cardiovasculares…

Otra cosa curiosa que he podido observar. Las patatas. Todos sabemos lo buenas que son para la salud y la cantidad de nutrientes que aporta. Al igual, todos sabemos que las patatas fritas se convierten en un veneno para nuestro organismo: duplican sus calorías, pierden propiedades y, además, contienen gran cantidad de grasas trans. Por el contrario, no hay nutricionista que hable mal de la patata hervida, pocas calorías, mantiene todos sus nutrientes… Pues en la lista de esta dieta, a las patatas fritas se les otorga una puntuación de 10 mientras que a las hervidas se les otorga 21 puntos. ¿Le encontráis la lógica? Yo no.
Ahora viene lo mejor, la lista de frutas. Como ya he dicho, a la hora de puntuar los alimentos, el señor Razzoli no se fijó en la gran cantidad de vitaminas que contienen, ni en la fibra alimentaria cuyo efecto saciante ayuda a perder volumen, ni en sus bajas calorías. No. Sólo se fijó en la cantidad de azúcar que contienen los alimentos. Pues, teniendo en cuenta que la fruta contiene gran cantidad de fructosa (azúcar necesaria para el organismo), os podéis imaginar la puntuación de estos alimentos (piña 9, naranja 17, manzana 18, plátanos 23, peras 25…). Lo curioso es que después vas a la lista de los dulces y descubres que comer un helado te supone sólo 6 puntos o chocolate con leche 12…

Pero esperaos, que la cosa no queda así. Paso a la lista de las bebidas. Según la lista, un vaso de zumo de naranja son sólo 4 puntos. Aquí hay algo que no me cuadra. Yo, cada mañana, me hago un zumo de naranja. En el vaso me cabe el zumo de dos naranjas. Según la lista de la fruta, mi vaso de zumo suma 34 puntos, según la lista de las bebidas sólo 4. ¿A qué lista se le ha de hacer caso? Veis la contradicción, ¿no? Pero es que esto va más allá. Igual que un vaso de zumo de naranja son 4 puntos, el coñac, la ginebra, el martini y el whisky sólo tienen 1 punto. Estamos hablando de bebidas muy calóricas, llenas de calorías vacías. No tienen azúcar, pero todas sus calorías, que no son pocas, se acumulan en forma de grasa en nuestro organismo.
Pregunta: ¿hay alguien que siga viendo lógica esta dieta?
Vamos a lo que ya he dicho. Puede que alguien haya perdido peso con ella, pero, ¿a qué precio? Si cualquier persona coge la lista que yo tengo en las manos y decide comer de acuerdo a esta puntuación, lo más probable es que, además de perder peso, si lo pierde, pierda años de vida. Muchos de los que quieren perder peso rápidamente y no les gusta comer sano, basarán su dieta en comidas grasas (tienen muy poca puntuación y pueden comer la cantidad que quieran). Esto hará que aumente su nivel de colesterol malo, su presión arterial, que aumente el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo II… ¿Realmente vale la pena?


Sinceramente, sigo creyendo que, si quieres perder volumen, lo mejor que puedes hacer es armarte de paciencia, visitar a un buen endocrino/nutricionista y seguir sus pautas, y, como no, comprarte unas zapatillas y salir a hacer alguna actividad física diariamente. Sólo así perderás esos centímetros que no quieres en tu cuerpo de manera definitiva. Y no sólo perderás peso, también ganarás salud. J

lunes, 17 de noviembre de 2014

YOGA. ACTIVIDAD QUE TE SORPRENDERÁ


Desde hace ya unos años hay una actividad que, poco a poco, va ganando adeptos en el mundo de las actividades colectivas, el yoga.
Esta actividad milenaria se va abriendo paso poco a poco, sin prisa pero sin pausa. Cada vez hay más centros que la ofrecen y más centros especializados. Pocos son los gimnasios que no busquen monitores de esta disciplina.
Seguro que muchos os estáis preguntando: “¿yoga en un gimnasio, para qué? Si no se trabaja nada, sólo se hacen posturitas”. Os equivocáis. Bueno, en algo sí que tenéis razón, el yoga tiene una parte muy espiritual (que le ha dado fama a nivel mundial): conexión cuerpo-mente, concentración, liberación, meditación… Pero, a ver, aunque todo esto es algo intrínseco a la actividad (y muy necesario para todo el mundo aunque nos neguemos a aceptarlo), no es lo único que nos ofrece el yoga. No os dejéis llevar por la imagen de quietud que ofrece, una vez más las apariencias engañan.
Para mantener esas “posturitas” se han de activar músculos que no se activan con las actividades/ejercicios cotidianas, tonificándolos, damos flexibilidad y movilizamos articulaciones ayudando a evitar lesiones, esa conexión cuerpo-mente de la que muchos se burlan es muy necesaria para lograr, entre otras cosas, ganar una consciencia corporal de la que carece más gente de la que creéis, una consciencia corporal que nos ayudará a realizar bien las actividades del día a día y que, aunque os cueste de creer, es vital para la práctica de cualquier disciplina deportiva (incluida la sala de pesas de un gimnasio).

Sí, ya sé que “parece que no hagas nada”, pero haces, no sólo ejercicio físico sino que además le estás aportando muchos beneficios a tu salud. Hoy mi objetivo es intentar que veáis el yoga con otros ojos, intentar convenceros para que, al menos, probéis una clase. Para ello os voy a nombrar los que, para mí, son los beneficios más importantes que obtenemos de la práctica de esta disciplina.
Cómo no, he de hablar de esa quietud que hace que muchos de vosotros os sintáis reacios a probar esta actividad. Aunque os parezca mentira, esa quietud es de vital importancia para nuestra salud, y más hoy en día. Como me oiréis decir más de una vez, para mí el estrés es una de las epidemias del siglo XXI. No le damos casi importancia, pero ahí está, causando graves problemas de salud a más del 80% de la población mundial.
La respiración pausada, controlada y profunda que se utiliza para realizar los ejercicios de yoga hace que logremos “desconectar” la mente. Sí, algo que nos parece imposible hoy en día, la gente que hace yoga logra eliminar de su mente las tensiones del trabajo, las prisas… Está comprobado que la gente que practica yoga padece menos estrés y ansiedad y tienen el sistema inmune más fuerte.

A parte de reducir los niveles de estrés, la práctica regular de yoga hace que se reduzca la frecuencia cardiaca y disminuye tanto los niveles de LDL (colesterol malo) como de triglicéridos. Como veis, es una de las mejores opciones que pueden haber para la prevención de enfermedades cardiacas y accidentes cerebrovasculares.
Por otro lado, aunque os parezca mentira, en yoga también se tonifica, sobre todo, como he dicho antes, se tonifican músculos que no suelen tonificarse en las demás actividades. Eso sí, nuestro cuerpo no ganará volumen practicando yoga, pero sí tonicidad. Además, como bien me gusta decir, el yoga tonifica de dentro para afuera, no sólo tonifica los músculos más profundos de nuestro cuerpo (los que lo sujetan y le dan estabilidad), también fortalece los tendones y los ligamentos ya que se puede llegar a trabajar bastante con el equilibrio, lo que nos ayudará a evitar lesiones como esguinces, por ejemplo.
Y no sólo eso, el yoga, además de tonificar y fortalecer tanto músculos como tendones y ligamentos, también hace que aumente su flexibilidad, mejorando la salud de nuestro sistema locomotor. Hay estudios que aseguran que con tan sólo 8 semanas de práctica se puede llegar a mejorar la flexibilidad y la movilidad articular en un 35% aproximadamente.

Más allá, también he de decir que la práctica de yoga hace que aumente la densidad ósea, por lo que ayuda a prevenir enfermedades como la osteoporosis.
Me ha parecido curioso un estudio realizado por la John Hopkins University (Baltimore) sobre el yoga y la artrosis (enfermedad que desgasta los cartílagos). Este estudio concluye que aquellas personas que sufren artrosis notan una significativa mejoría en la tensión y la hinchazón que la enfermedad provoca en sus articulaciones al comenzar a practicar esta actividad.
Por otro lado, el Dr. Loren Fishman (Nueva York) ha estudiado la relación existente entre la práctica del yoga y la actividad cerebral. Afirma que la práctica de esta disciplina engrosa las capas de la corteza cerebral (la zona del cerebro relacionada con el aprendizaje) y aumenta la capacidad de aprendizaje. Así, se puede afirmar que el yoga es muy beneficioso tanto para el cerebro como para el sistema nervioso central (SNC).

Seguro que los que están obsesionados en realizar tan sólo actividades en las que haya un gran gasto energético (en las que se quemen muchas calorías) estarán pensando “pero es que en esta clase no se quema casi nada”. Y sí, tenéis razón. Practicando yoga se queman menos calorías que haciendo Body Attack o Body Combat, por ejemplo, pero esto no debería de ser un freno a la hora de probar la actividad. Si os sirve de empujoncito, se ha comprobado que las personas que practican yoga son más capaces de mantener su peso o de bajarlo sin recuperarlo.
Por último os voy a nombrar a mi hormona preferida, las endorfinas (hormona de la felicidad). Practicar yoga hace que nuestro cuerpo segregue esta hormona, lo que hace que te sientas feliz cada vez que lo practicas. 
¿Qué más queréis? Y que conste que ésta es sólo una pequeña lista. El yoga nos aporta mucho más de lo que podéis imaginaros, y todo bueno. Y, lo mejor de todo, no es incompatible con ninguna otra disciplina deportiva. Sea cual sea el deporte que practiques, puedes combinarlo con la práctica de yoga. Es el complemento perfecto para evitar lesiones en tu deporte.


Una vez más, he de aconsejaros que, para para practicar yoga, acudáis a centros especializados o a centros que cuenten con profesores titulados que os guíen con seguridad para que podáis notar todos y cada uno de los beneficios de esta gran actividad. Animaos, probad el yoga. Os sorprenderá ver lo bien que le sienta tanto a vuestro cuerpo como a vuestra mente. J

domingo, 12 de octubre de 2014

MANZANAS VERDES. TODO LO QUE PUEDEN HACER POR NUESTRA SALUD


A estas alturas, todo el mundo sabe lo beneficioso que es el consumo de frutas para nuestro organismo. Pero lo que no sé si todos sabéis es que no todas las frutas son igual de beneficiosas. Hay frutas que poseen más cantidad de vitaminas que otras, frutas que contienen más cantidad de minerales, frutas que actúan más contra los radicales libres que otras… Pero, si de entre todas las frutas se puede distinguir alguna con respecto a los beneficios que aporta a nuestra salud, esa es la manzana. No en vano, se ha ganado un gran refrán a nivel mundial: “una manzana al día del médico nos libraría” (one apple a day keeps the doctor away).
Sí, como lo leéis. La manzana es, (y no porque lo diga yo, está científicamente probado) la fruta que más beneficios le aporta a nuestro organismo. Hoy voy a enumerar los que, para mí, son los más importantes. Seguro que más de uno se sorprende de todo lo que puede hacer esta pequeña fruta por nosotros.

Para comenzar, he de decir que todas las variedades de manzana, tanto las rojas, como las verdes y las amarillas son ricas en pectina y polifenoles (antioxidantes presentes en la piel de estas frutas que ayudan a eliminar residuos y toxinas presentes en el organismo) que mejoran el metabolismo de los lípidos (grasas) y reducen la producción de moléculas inflamatorias vinculadas al riesgo de padecer afecciones cardiacas.
Por si fuera poco, también ayudan a reducir el riesgo a sufrir infecciones tanto bacterianas como virales y tienen propiedades antialérgicas y antiinflamatorias. Además, la manzana es una gran fuente de pectina, proteína, calcio, carbohidratos, sodio, magnesio, potasio, fósforo, zinc y hierro.
Como veis, el refrán no va nada desencaminado, la manzana es una fruta con grandes beneficios para nuestra salud. Pero, de entre todos los tipos de manzana que existen, destaca, y mucho, la manzana verde. Una variedad que, además de compartir propiedades con las demás variedades de manzana, posee innumerables beneficios propios que la convierte, para mí, en la reina de todas las frutas.

Lo primero que he de contar sobre las manzanas verdes es una curiosidad que me encanta. La manzana verde es tanto diurética como astringente. Sí, como lo leéis, la manzana verde nos puede ayudar tanto si sufrimos de estreñimiento como si sufrimos diarreas. Esto es debido a la fibra dietética que contienen, que es una excelente reguladora de los movimientos intestinales. Estas fibras contienen importantes propiedades digestivas capaces de neutralizar la diarrea y el estreñimiento.
La diferencia para lograr un efecto u otro está en la forma en que la consumimos:
-                       Si sufrimos estreñimiento, hemos de consumirla cruda y con piel. La fibra insoluble que contiene la piel de la manzana verde estimula la actividad intestinal, ayudándonos contra este problema.
-                       Si, por el contrario, sufrimos diarrea, lo mejor es consumirla pelada, rallada y/u oscurecida. La fibra soluble de la manzana verde ayuda a retener el agua y hace más lento el tránsito intestinal. Además, facilita la eliminación de toxinas mediante las deposiciones.
Por otro lado, cabe mencionar que su contenido en fibra es algo superior al del resto de manzanas, una fibra que no sólo impide que aumente el colesterol, sino que ayuda a reducirlo, por lo que podemos decir que la manzana verde es una gran aliada contra las enfermedades cardiovasculares.

Así mismo, este alto contenido en fibra las hace muy saciantes, por lo que son una gran ayuda en dietas para pérdida de volumen. Por eso no os habéis de extrañar cuando vuestro nutricionista/endocrino insista en que comáis manzanas verdes. Seguro que muchos de vosotros pensáis en cambiarla por cualquier otra variedad de manzana, pero no lo hagáis. La manzana verde os ayudará mucho más en vuestros propósitos.
Algo que también contienen las manzanas verdes en mayor cantidad que el resto de manzanas es el Potasio. Éste equilibra la humedad de las células, algo muy importante para el correcto funcionamiento de los músculos del cuerpo, lo que convierte a esta fruta en una gran ayuda para prevenir calambres. Por otro lado, hemos de tener en cuenta que el corazón es un músculo más del cuerpo, por lo que el hecho de que la manzana verde nos ayude a mantener nuestras células bien hidratadas, favorece el hecho de que nuestro corazón lata de forma adecuada en cada momento, previniendo arritmias e hipertensiones.

Otra de las grandes propiedades de esta fruta es que ayuda a estabilizar los niveles de azúcar en sangre. Esto es gracias a que es rica en fibra soluble, dato interesante para la gente con diabetes o con propensión a desarrollarla. Este beneficio lo notaremos sobre todo si la consumimos en ayunas. Así se retrasa la absorción de azúcar en el intestino, un efecto que dura gran parte del día.
Hay estudios que han demostrado que mujeres que consumen una manzana verde en ayunas tienen un 30% menos de probabilidades de desarrollar diabetes de tipo II.
Para todos aquellos que tienen tendencia a producir cálculos biliares también tengo buenas noticias: la manzana verde tiene efectos coleréticos, es decir, descongestiona el hígado reduciendo la tendencia a producir estos cálculos, a parte de que ayuda contra enfermedades como la cirrosis hepática, entre otras.
Por último he de nombrar lo beneficiosas que son para nuestra piel. Al ser una gran fuente de vitaminas (A, B y C) nos aportan gran cantidad de nutrientes que mejoran la hidratación de nuestra piel y nos ayuda a combatir determinadas enfermedades cutáneas.



Como podéis ver es bien cierto: “una manzana al día del médico nos libraría”, sobre todo si son manzanas verdes. Sé que, a lo mejor, a muchos de vosotros no os gusta ese toque ácido de esta variedad de manzana (a mí me encanta). La ventaja es que esta fruta pega con todo, puedes mezclarla con cualquier alimento para intentar disimular esa acidez, puedes hacerla al horno, ponerla en ensaladas, comerla con un poco de miel… Hay mil formas, pero intentadlo. Intentad comeos aunque sea una al día, veréis como cada vez visitáis menos a vuestro médico. J

martes, 16 de septiembre de 2014

MIEL. ENDULZA TU VIDA DE FORMA SALUDABLE


¿Vosotros qué sois, de azúcar o de sacarina? He aquí una dicotomía más. Sí, igual que si te gusta el fútbol has de ser del R. Madrid o del FC. Barcelona, o en ropa deportiva eres de Niké o de Adidas, o a la hora de elegir una mascota eres de perros o de gatos… Ahora muchos de vosotros estaréis pensando “perdona, pero hay otros equipos de fútbol, yo soy del Villarreal CF:”, o “pues yo me compro Puma y creo que no hay marca mejor”, o “pues para mí la mejor mascota es un hamster”. Os tengo que dar la razón, siempre hay mucho más de donde elegir, pero, por lo general, la gente tiende a simplificar todas las listas, a reducirlas a dos elementos.
Con la manera que tenemos de endulzar nuestros desayunos, nuestros postres y nuestras infusiones pasa exactamente lo mismo. Igual pensáis que sólo hay dos maneras de hacerlo, o con azúcar o con sacarina, pero no es así. Hay otras maneras de endulzarnos la vida, y de entre ellas, una que, además, aporta grandes beneficios para nuestra salud. La miel.

Hoy en día, con el debate azúcar vs. sacarina abierto, mucha gente se encuentra algo perdida a la hora de elegir con qué endulzar el cortado o la infusión. Está claro que el azúcar es muy calórico, y que son calorías vacías, esto es, son calorías que no aportan ningún nutriente a nuestro organismo, calorías que consumimos sin ningún tipo de beneficio. Por otro lado está la sacarina, cero calorías, sí, pero producida de manera poco natural por lo que se está estudiando si puede tener algún tipo de efecto nocivo sobre nuestro organismo. He ahí la duda, ¿qué elegir?

Para mí la respuesta es muy sencilla. Yo prefiero endulzarme las infusiones y postres con miel. Un producto totalmente natural, que, además de estar buenísimo, endulza a la perfección y, sí, vale, es calórico, pero las calorías que nos aportan están llenas de nutrientes y beneficios para nuestro organismos y, por ende, para nuestra salud.
Como lo leéis, la miel es rica en aminoácidos esenciales (aquellos que nuestro cuerpo no es capaz de sintetizar por sí mismo. Se los hemos de proporcionar a través de la alimentación) y en ácidos orgánicos. Además posee gran cantidad de minerales (azufre, hierro, calcio, potasio, fósforo, magnesio, cobre, manganeso) y vitaminas (C y del grupo B). Como veis la miel es un alimento indispensable para todos los que practicamos deporte, nos sólo nos ayuda a recuperar tras el ejercicio sino que, además, nos ayuda a prevenir calambres por la cantidad de minerales que tiene. Así mismo, su contenido en hierro puede ayudar a prevenir la anemia.
Sí, las propiedades de este dulce alimento han sido estudiadas durante años y son innumerables. De entre los estudios realizados al respecto voy a destacar uno llevado a cabo en la Universidad de Illinois (E.E.U.U.). En este estudio se observó que la miel tiene la misma acción antioxidante que las frutas y las verduras. Así, ayuda a reducir el colesterol y, por lo tanto, ayuda a disminuir el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.

También está totalmente probado que es antiséptica y bactericida, ya que entre sus componentes nutritivos destacan las inhibinas, unas sustancias que tienen la capacidad de luchar contra las bacterias y los microorganismos patógenos de nuestro organismo. Eso sí, hay que tener en cuenta que, en caso de una infección grave, no sustituye a los antibióticos.
Por supuesto, he de comentaros que tiene propiedades diuréticas y laxantes, suaves pero eficaces. Por lo que, si retenéis líquidos o tenéis problemas para ir al baño, la miel puede ser una gran aliada.
Estos son sólo unas pocas de las propiedades que posee la miel, para mí las más destacables. Si, aun así, no acabáis de convenceros, os comentaré que la miel contiene mucha más agua que el azúcar, por lo que, a la misma cantidad consumida de uno y otro producto, la miel tiene menos calorías que el azúcar. 

Eso sí, puede haber gente que esté pensando “mi problema es que no me gusta la miel”. Pues sí, la verdad es que es un problema, y contra eso poco se puede hacer. Lo único que os puedo aconsejar es que probéis a echar miel, pero poca. Media cucharadita de café es más que suficiente para endulzar una infusión o un vaso de leche, unas gotas son suficientes para hacer una buena vinagreta para aliñar ensaladas… Al ser un alimento tan dulce no hace falta mucho. Pero piensa que, por poco que tomes, vas a notar todos los beneficios.
Otra duda que puede surgir es “pero es que en las cafeterías no sirven miel”. Sinceramente, creo que si en las cafeterías no la ofrecen cuando pedimos infusiones, cortados, cafés, etc., es porque nadie la pide. Si nos acostumbrásemos a pedirla, seguro que la ofrecerían.



Yo lo tengo muy claro. Si, además de estar tan buena como está, me ayuda a recuperarme después de hacer ejercicio, me ayuda a mantener el corazón sano y mi sistema inmunológico fuerte, teniendo la cantidad de vitaminas y minerales que tiene y si me ayuda a combatir enfermedades… Yo, entre azúcar y sacarina, escojo la miel. J

martes, 19 de agosto de 2014

SEDENTARISMO. UN HÁBITO MUY PELIGROSO

Estoy segura de que todos nos hemos fijado alguna vez en cómo está engordando la población. Se habla mucho del sobrepeso infantil, pero es algo generalizado. Niños y no tan niños han hecho que la obesidad se esté convirtiendo en una especie de epidemia a nivel mundial. ¿Qué está pasando con la sociedad actual? ¿Por qué está la gente cada vez más obesa?
Para mí la respuesta es muy fácil: por culpa de nuestro estilo de vida. ¿Os habéis fijado que vivimos vinculados a un asiento? La silla del comedor, el asiento del coche, el sillón de la oficina, la silla de una cafetería, el sofá de casa…
Igual suena a añoranza, y puede ser que lo sea un poco, pero sobre todo es una comparativa: cuando yo era pequeña, desayunábamos bien y nos íbamos al cole andando; hoy hay niños que ni siquiera desayunan o toman algo de bollería que haya por casa y sus papás los llevan al cole en coche. Mi madre ha ido toda la vida andando al trabajo, mi padre sí, iba en coche, pero su trabajo estaba fuera de la ciudad y era muy activo; hoy, aunque el trabajo esté a diez minutos andando, aunque la gente se pase el día sentada en una oficina, la regla general es coger el coche. En la hora del descanso, todos íbamos con un bocadillo en la mano y nos lo íbamos comiendo mientras corríamos unos detrás de otros, o todos detrás de un balón; hoy en la hora del descanso más del 70% de los niños se quedan sentados jugando con sus móviles mientras se comen algún tipo de bollo, dulce, bolsa de papas… Al llegar a casa hacíamos los deberes mientras merendábamos (otro buen bocadillo) y, al acabar, hacíamos lo que siempre hacíamos cuando teníamos unos minutos libres, correr y jugar; hoy los niños meriendan bollería comprada en cualquier kiosco y, en cuanto tienen tiempo libre se lo dedican a sus móviles, videojuegos y a la televisión. Yo no recuerdo que mis padres parasen en ningún momento del día, bueno sí, después de cenar se sentaban un rato mientras nosotros correteábamos por ahí.
¿Veis la diferencia? Ha cambiado y mucho la forma de alimentarnos, y ha cambiado a mal… De eso ya hablaré en otro post. Pero sobre todo ha cambiado radicalmente nuestra actividad. De estar todo el día activos a estar todo el día sentados. Esto, señores, se llama sedentarismo. No le damos importancia, lo tomamos como algo natural, como si la evolución del ser humano fuese esta… Pero no. No es así. Nuestro organismo está diseñado para moverse y gastar energía, no para permanecer quieto.
He pensado que si este problema es tan ignorado es porque realmente no se sabe qué consecuencias tiene. Por eso hoy os voy a hablar del sedentarismo, de los peligros que conlleva para la salud. Voy a intentar que tanto vosotros como los más jóvenes de la familia os levantéis del sofá aunque sea media hora al día para realizar alguna actividad. Porque igual lo ignoráis, pero el sedentarismo puede llegar a ser mortal.
No, parece exagerado pero no lo es. Está comprobado que el sedentarismo duplica el riesgo de padecer alguna enfermedad cardiovascular, diabetes de tipo II y obesidad. Además también aumenta considerablemente la posibilidad de padecer hipertensión, osteoporosis y algunos tipos de cáncer, sobre todo el de colon.
Aunque no os lo creáis, el sedentarismo está considerado como el segundo factor de riesgo para nuestra salud, superado sólo por el tabaquismo, y constituye una de las diez causas fundamentales de mortandad, morbilidad y discapacidad.
Por si todavía no os habéis convencido de lo peligroso que es estar todo el día sentados, sin hacer ningún esfuerzo físico, os comento que en el año 2010 la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó un estudió en el que se concluyó que el sedentarismo causa más de 3.2 millones de muertes prematuras al año. Estoy segura de que este número ha aumentado en los últimos 4 años.
Y esto, ¿por qué sucede? Es muy fácil de entender. Si nosotros estamos parados, nuestro organismo se para, digamos que pierde reflejos. Nuestro sistema inmunológico se relaja y no responde tan rápido como debería cuando debería. Al no quemar la energía que vamos acumulando, aumenta la grasa corporal, el azúcar en sangre… Y todo esto son desencadenantes de las enfermedades que he nombrado antes, enfermedades que pueden llegar a ser mortales.
Pero, de todo, una de las peores cosas del sedentarismo es que te mete en un círculo vicioso. Seguro que os ha pasado más de una vez que, estando sentados en el sofá toda la tarde, no habéis parado de comer sin tener hambre. Sí, está comprobado que el sedentarismo te hace comer más, por lo que es muy probable que aumentes de peso y talla, te verás cada día peor y cada vez tendrás menos ganas de hacer nada, con lo que comerás más… Si entráis en este círculo estáis perdidos. No tardaréis en notar los primeros problemas de salud.
Lo bueno es que salir de este círculo es muy sencillo y que los efectos del sedentarismo se pueden frenar, e incluso revertir. Sólo tenéis que levantaros del sofá, o del sillón, o de la silla, o de dónde sea que os sentéis en vuestro tiempo libre y que os mováis. Haced un poco de ejercicio diario, aunque sea media hora. Vuestra salud os lo agradecerá.
Vale, ahora hay mucha gente pensando “ya, con lo cansado que llego del trabajo, ¡como para ponerme a correr y dar saltos!”. Aquí os tengo que llevar un poco la contraria. Sé que tenéis la sensación de llegar agotados a casa, pero la mayor parte de ese agotamiento es, en más del 80% de la gente, mental. Más que llegar cansados, llegáis saturados, hartos del jefe, de algún compañero, de alguna cuenta que ha costado mucho en cuadrar… Pero físicamente es imposible que estéis agotados. Pensadlo. Habéis pasado casi todo el día sentados.
Pero, aunque vuestro trabajo sea muy físico, probadlo, no os sentéis, poneos vuestras zapatillas y salid a hacer alguna actividad. Veréis como al acabar estaréis mucho más relajados y os sentiréis mucho mejor. Yo tengo la prueba cada día en el gimnasio. Son muchos los que vienen por la tarde cansados, agotados, hartos de día, y al acabar salen totalmente transformados, sonrientes, extrañados de sentirse tan bien después de la sesión porque venían agotados (y más de uno se quedaría en casa más de una tarde, que lo sé. Pero nunca se arrepienten de venir). Y esto sucede porque la actividad física nos hace segregar la hormona de la felicidad (endorfina), por lo que nuestra mente se desconecta de todo el estrés y las preocupaciones que tiene, que es lo que realmente necesita, es lo que va a hacer que nos sintamos mejor, relajados. Si os sentáis en el sofá a ver la tele, vais acumulando cada día más y más preocupaciones, por lo que cada día os sentiréis más y más agotados… Y ya estamos otra vez en el círculo vicioso.
No os asustéis, que no tenéis que apuntaros a un gimnasio si no queréis. Lo importante es que os mováis cada día. Y no, por moverme no me refiero a la faena de casa o a la del trabajo. Me refiero a hacer alguna actividad fuera de casa y del trabajo que os haga desconectar de todo lo que tenéis. Una actividad que no sea la de sentarse en una terraza a tomar un café, por supuesto. Podéis salir a caminar a un buen ritmo, podéis comenzar a correr, podéis salir en bicicleta, podéis nadar, por supuesto, podéis apuntaros a un gimnasio, pero por favor, hacedlo cada día aunque sólo sean 30 ó 40 minutos. Creedme, en pocas semanas me agradeceréis este consejo.
La actividad física es la única manera de escapar de las garras de sedentarismo. Esta actividad no sólo va a hacer que segreguemos endorfinas, sino que va a activar nuestro metabolismo haciendo que se reduzca considerablemente (hasta en un 50%) el riesgo a sufrir enfermedades cardiovasculares y diabetes del tipo II, vamos a fortalecer nuestros huesos, con lo que estaremos más protegidos contra la osteoporosis, nuestro sistema inmunológico estará alerta contra determinadas enfermedades, reduciremos el colesterol y la hipertensión, controlaremos mejor nuestro peso y nuestra talla...


Como veis, la actividad física va a revertir cualquier efecto negativo que esté causando el sedentarismo en vuestro organismo, a parte de aportaros muchos otros beneficios tanto físicos como psíquicos. Sólo hace falta que deis el primer paso, como siempre, el más difícil. Pero una vez lo deis, no podréis parar, invertiréis el círculo vicioso y vuestro cuerpo cada vez se sentirá mejor, y pedirá más actividad, y se sentirá mejor, y pedirá más vida sana…

Ya veis, vivir una vida sana está en vuestros pies. J