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martes, 14 de abril de 2015

QUEMA GRASA DURMIENDO BIEN


Se acerca el calor, se acerca la estación en la que llevamos menos ropa. Y es justo ahora, que comenzamos a notar que suben las temperaturas, cuando a la gran mayoría le entran las prisas para perder esos kilitos de más que ha ganado durante las fiestas de Semana Santa (aunque hay quien lleva desde finales del verano pasado acumulando).
Por suerte, cada vez son más las personas que deciden hacer las cosas bien desde un principio y no dejan este tema para última hora. Cada vez estamos más concienciados de que hay que llevar una vida sana, no sólo por tener un buen físico, sino porque cada vez somos más conscientes de los peligros de una vida basada en la mala alimentación y el sedentarismo.
Sí, cada vez hay más gente que acude a un buen nutricionista/endocrino para que les guíe y aconseje para poder llevar una alimentación sana y equilibrada. Cada vez más gente acude al gimnasio a entrenar, a divertirse en las clases colectivas y/o preguntan por entrenamientos para poder trabajar todo el cuerpo en casa, en el parque, en la playa… Pero, aun así, un gran número de personas no ven los resultados que se esperan o tardan demasiado en verlos. Es frustrante, ¿verdad?
Hay personas que me han preguntado, decepcionados, por qué, con el esfuerzo que realizan, no obtienen resultados o van tan lentos. Por supuesto, les he de hablar de la genética de cada uno. Cada persona es un mundo y cada cuerpo reacciona de una manera distinta ante el mismo estímulo. Hay personas a las que les costará más acelerar el metabolismo que a otras. Siempre pido paciencia.

A parte de hablarles de genética, también suelo hacer una pregunta que suele sorprender: ¿duermes lo suficiente? Seguro que más de uno también se ha sorprendido ahora. Sí, aunque cueste de creer, la cantidad y la calidad de sueño afecta directamente a la cantidad de grasa que nuestro cuerpo es capaz de quemar.
Ante todo quiero aclarar que no, durmiendo no se activa ningún tipo de hormona que nos haga quemar grasa. El hecho demostrado es que no dormir, o dormir mal, puede producir alteraciones en nuestro organismo que incluyen cambios en las hormonas que regulan el apetito y la saciedad. Esto hace más difícil mantener o perder peso, ya que hará que comáis más y con más ansiedad. Os explico:
Hay estudios que han demostrado que las personas que menos duermen son más propensas a ganar peso que aquellas que duermen más. Esto es debido, como acabo de comentar, a que la privación crónica del sueño produce alteraciones en las hormonas que controlan el apetito y la búsqueda de alimentos.
Estas hormonas son la grelina y la leptina. La grelina se segrega en el tracto gastrointestinal y nos hace comer más. La leptina, al contrario, nos indica que estamos saciados y nos hace parar de comer.
Así, se demostró que aquellos que duermen menos de 8 horas diarias tienen niveles de leptina más bajos que aquellos que duermen 8 o más horas al día. Así que tardan más en sentirse saciados. Pero no sólo sus niveles de leptina son más bajos, además se elevan sus niveles de grelina, por lo que comen más. Imaginaos el resultado. Si comen más y tardan más en sentirse saciados, lógicamente, aumentan sus niveles de grasa corporal.

Por otro lado, también he de hablar de la hormona del crecimiento. Hormona que ayuda a reducir el porcentaje de grasa corporal y a aumentar el de masa muscular. Esta hormona se segrega durante el sueño, sobre todo en las etapas de sueño profundo. Si no dormimos lo suficiente cada noche, la secreción de esta hormona será mucho menor por lo que se pueden llegar a reducir los niveles de masa muscular y a aumentar los de grasa corporal.
Así podemos ver que hay una relación inversamente proporcional entre la cantidad y la calidad de nuestro sueño (sueño continuo y profundo) y nuestro nivel de grasa corporal. Es decir, cuanto menos durmamos, más grasa almacenaremos.
Ahora, cuidado. No os estoy recomendado que paséis el día en la cama o en el sofá. NO. Ya os comenté hace un tiempo en otro post los peligros de la vida sedentaria. Lo que os estoy pidiendo es que intentéis dormir entre 8 y 8.5 horas seguidas cada noche y que hagáis que ese sueño sea de calidad.

Ya sé que el ritmo de vida que se nos impone va a hacer que sea imposible para la gran mayoría lograr reunir 8 horas cada noche para dormir. Muchos sólo lograrán hacerlo en fin de semana. Pero si tenéis que dormir sólo 6 ó 7 horas, haced lo imposible para que ese sueño sea de calidad, el conocido como sueño reparador (realmente lo es). A este respecto os puedo dar unos pequeños consejos para intentar lograrlo.
-                      Haced ejercicio. El ejercicio hace que segreguemos endorfinas (hormona de la felicidad), lo que ayudará a que os relajéis y a que se disminuyan las tensiones y el estrés que hayáis podido acumular a lo largo del día. La actividad física tiene la gran virtud de hacernos olvidar problemas. Este estrés y estos problemas son una de las principales causas de insomnio en la sociedad actual. Si lográis llegar sin ellos a la hora de dormir, no sólo tardaréis menos en dormiros, vuestro sueño será mejor. Eso sí, si la actividad que decidís realizar es intensa, procurad realizarla, al menos, 4 horas antes de acostaros. De lo contrario, puede tener el efecto contrario.

-                      Controlad lo que cenáis. Si cenáis copiosamente y, además, el menú es pesado (fritos, salsas…), os acostaréis con una gran sensación de pesadez. Estas digestiones tan pesadas no os dejarán dormir y, cuando logréis conciliar el sueño, éste será agitado. En definitiva, no descansaréis. La cena ha de ser la comida más ligera del día (ensaladas, verduras al vapor, carnes o pescados a la plancha…). Así vuestro estómago os dejará descansar como debéis.

-                      La habitación es para dormir. Cada vez es más común ver a gente que instala una televisión en su habitación, o que coloca el teléfono móvil en su mesilla de noche a modo de despertador. Gran error. Todos aquellos que os acostáis y encendéis la televisión tardáis mucho más en dormiros que los que no tenemos televisión en la habitación. Os engancháis a cualquier película o programa que estén haciendo y no os dormís hasta la madrugada. Además, muchos os quedáis dormidos con la televisión encendida, con lo que realmente percibís cada sonido que ésta emite, sonidos que no dejan que vuestro cerebro ni vuestro cuerpo se relajen y descansen como es debido.

Por otro lado, el móvil siempre puede sonar, puede llegar algún mensaje, notificación… Haciendo que, aunque sea durante unos segundos, interrumpáis el sueño. Esos segundos de interrupción rompen por completo los beneficios reparadores del sueño. Aunque lo pongáis en silencio, vuestro cerebro puede percibir la vibración del móvil en el silencio de la noche. Así que, dejad el móvil en otra habitación y compraos el típico despertador para no dormiros por la mañana.
Lo dicho, vuestra habitación ha de ser para dormir, no un salón recreativo.

Como veis, dormir bien es más importante de lo que pensabais. Puede marcar la diferencia entre que veáis los resultados que buscáis llevando un estilo de vida sana o que os frustréis intentando algo que tarda en llegar. Intentad que vuestro sueño gane en calidad, no es difícil. Creedme, vuestra salud y vuestro cuerpo lo agradecerán. J


Para cualquier consulta: mejorsiesconsalud@gmail.com

lunes, 12 de enero de 2015

LA IMPORTANCIA DE DESCANSAR BIEN CUANDO SE PRACTICA DEPORTE


Son muchos los que, tras meses de entrenamiento intenso buscando mejorar su físico, vienen preocupados e, incluso, frustrados porque se notan estancados. No evolucionan como tenían previsto. La pregunta siempre es la misma: ¿qué debo hacer?, ¿cambio la rutina?, ¿he de cambiar la dieta? La gran mayoría de veces veo la respuesta en su cara, lo que necesitan es descansar.
Sí, como lo leéis, descansar. Existe la creencia generalizada de que, para mejorar en la práctica de cualquier actividad física, sólo se ha de entrenar duro y comer sano. A ver, sí. Está claro que sin un buen entrenamiento jamás mejoraríamos ni notaríamos los resultados que esperamos al realizar cualquier actividad, y, por supuesto, si no llevásemos la dieta adecuada para nuestros objetivos, estos nunca llegarían a cumplirse. Pero aquí falta algo muy importante. Por mucho que entrenemos y por muy bien que comamos, si nuestro descanso no es el adecuado, jamás llegaremos a ver los resultados que tanto ansiamos.
Hemos de tener en cuenta que, durante los entrenamientos, nuestro cuerpo sufre ciertos daños (microrroturas, desgastes…). Varios estudios han demostrado que nuestro cuerpo utiliza las horas de descanso, sobre todo las de sueño, para reparar esos daños. Así, si nuestro descanso entre entrenamientos no es suficiente, no le damos tiempo a nuestro cuerpo a recuperarse adecuadamente, por lo que nuestro rendimiento disminuirá considerablemente.
Pensad que si no dejamos que nuestro cuerpo se recupere bien, éste será incapaz de correr a la velocidad que se le pide, perderá reflejos y velocidad de reacción, no podrá levantar los pesos que levantaba hace un tiempo, e incluso, si te gusta entrenar en la sala de pesas de un gimnasio, puedes entrar en estado catabólico (pérdida de masa muscular), justo lo contrario de lo que esperas conseguir cuando entrenas, ¿verdad? Todos estos son síntomas del conocido sobreentrenamiento, un estado que puede hacer que caigamos enfermos y que suframos lesiones graves.
Si os sentís más cansados de lo habitual, si notáis alguno de estos síntomas y sabéis que vuestra alimentación es la correcta, analizad vuestros descansos. Seguro que son demasiado cortos y/o de mala calidad.
Por un lado, hemos de comenzar a hacer caso (o, al menos, a intentarlo) a ese viejo consejo de “hemos de dormir un mínimo de 8 horas diarias”. Sé que con el ritmo de vida actual es muy difícil, pero se ha de intentar. O, al menos, dormid más de 5 ó 6 horas (la media de sueño actual de mucha gente).
Como he dicho antes, nuestro organismo utiliza esas horas de sueño para recuperarse de los daños que le hemos ocasionado con el entrenamiento y para regenerarse. Durante el sueño, nuestro organismo segrega más cantidad de hormona de crecimiento de la que se pueda segregar durante cualquier tipo de entrenamiento. Esta hormona permite reconstruir los tejidos musculares. Si a esto le sumamos que el sueño favorece la síntesis proteíca, veremos lo importante que es un buen descanso para alcanzar el conocido principio de sobrecompensación.
Para los que no hayáis oído hablar nunca de este principio, os explico. Durante el entrenamiento sometemos a nuestro organismo a una situación de estrés (lo llevamos al límite). Así, nuestro organismo responde a cada entrenamiento fortaleciéndose para afrontar la siguiente “situación de estrés”. Este es el motivo por el que, si descansamos adecuadamente, nos notamos (y nos vemos) más fuertes y/o resistentes en cada entrenamiento.
Además, mientras dormimos también se produce una disminución de la excitabilidad de las células del cerebro, células que mandan sobre nuestros músculos. Así, todos nuestros músculos se relajan, por lo que se regeneran mejor y se reconstituyen antes sus reservas de energía.
Por otro lado, he de aclarar que cuando digo que el descanso es importante para los que realizamos algún tipo de deporte, no sólo hablo de las horas de sueño. Me refiero a que no es bueno entrenar todos los días.
Si sois amantes del running, la natación, el ciclismo… No salgáis cada día a practicarlo. Hacer entrenamientos diarios de este tipo de actividades, significa mover y entrenar cada día los mismos músculos. Esto aumenta considerablemente el riesgo de sufrir sobreentrenamiento. Es aconsejable dejar, como mínimo, un día de descanso a la semana para que el cuerpo se recupere bien.
Si sois de los que van cada día al gimnasio a hacer pesas, tened en cuenta que, para bien, no deberíais entrenar un mismo grupo muscular más de una vez a la semana. Si decidís entrenar dos días un mismo grupo (las piernas, por ejemplo), debéis dejar que pasen entre 48 y 72 horas entre el primer entrenamiento y el segundo. Así los músculos se habrán recuperado correctamente y disminuiremos el riesgo de sufrir alguna lesión por sobreentrenamiento. Aún así, deberíais dejar un día de descanso absoluto. Aunque os cueste creerlo, ese día de descanso hará que vuestro cuerpo reaccione al entrenamiento como esperáis.
Si sois de los que os agobiáis pensando en pasar un día entero sin realizar ningún tipo de actividad física, tengo una opción para vosotros. En vuestro día de descanso salid a realizar una actividad suave (caminar a paso moderado, footing ligero…) durante 30 ó 40 minutos. Vuestro cuerpo casi no sufrirá daños y vosotros os quitaréis el mono de hacer deporte. Además, las endorfinas que segregaréis en esa sesión os ayudarán a relajaros más el resto del día.

Como veis, una buena evolución física no está sólo en el entrenamiento y la alimentación. El buen descanso es tan importante como las otras dos. Así que ya sabéis, revisad vuestro día a día e intentad dormir un poco más. Revisad vuestro entrenamiento semanal e introducid un día de descanso. Empezad a pensar en el descanso como parte de vuestro entrenamiento y notaréis los resultados. J

lunes, 15 de diciembre de 2014

TRUCOS PARA CONTROLAR LA ANSIEDAD POR COMER


Seguro que os pasa más a menudo de lo que pensáis: sin motivo aparente os veis atraídos hacia la despensa o la nevera, la abrís y os pegáis un atracón de dulces o de cualquier snack y acto seguido os sentís culpables. U os sentáis a comer y, más que comer, engullís lo que tenéis en el plato, repetís y después buscáis un buen dulce de postre, y justo al acabar, cuando os notáis a punto de reventar, pensáis que no vais por la noche no cenaréis porque ya habéis comido demasiado.
Aunque os parezca mentira, esto es algo que nos pasa a todos, y nos pasa más seguido de lo que pensamos. Eso sí, hay personas a las que les pasa más a menudo que a otras. Estoy hablando de la ansiedad, un problema de hiperexcitación nerviosa.
Lo malo de resolver esta ansiedad con comida es que puede llegar a ser adictivo, a parte de que es “cómodo”, sólo hay que levantarse e ir a la despensa. Esta adicción se debe a que lo productos que elegimos ingerir en un ataque de ansiedad con “productos basura”, es decir, dulces y demás snacks llenos de calorías vacías que producen un pico de insulina muy elevado en nuestro organismo. Este pico cae con la misma velocidad con la que ha subido, lo que hace que enseguida volvamos a tener necesidad de comer dulces.

Pero no sólo eso, esta adicción a resolver nuestros problemas comiendo va a hacer que aumente nuestra grasa corporal, aumentando así nuestro volumen. Cada vez nos veremos peor, lo que nos causará más ansiedad. ¿Veis el círculo vicioso en el que podéis entrar? Hemos de evitar entrar en este círculo, y no sólo por problemas estéticos, sino, y sobre todo, por los problemas de salud que conlleva. Como he dicho más de una vez, la obesidad puede acarrear problemas serios de salud como diabetes tipo II, cardiopatías, problemas circulatorios…
Lo bueno es que esta ansiedad se puede controlar. Sólo hay que tener fuerza de voluntad y seguir estos pequeños trucos:
-                      Elimina las tentaciones: cuando vayas a hacer la compra, evita el pasillo de los dulces y los snacks. No tenerlos en casa es la mejor manera de no comerlos. Haz la lista de la compra con lo indispensable (carne, pescado, fruta, verdura…) y no incluyas esas tentaciones. Compra sólo lo que tengas en la lista. Así, si en algún momento te entra esa ansiedad, consumirás productos que te convienen más a todos los niveles.

-                      Bebe más agua: los expertos siempre recomiendan beber un mínimo de 6 vasos de agua al día. Yo, a mis alumnos suelo aconsejarles que beban un mínimo de 2 litros. El agua no sólo va a ayudarte a mantener tu organismo en equilibrio, además te sacia. Si tomas un vaso de agua antes de comer, verás como desaparece esa ansiedad con la que atacas la comida. Si, cuando te levantas para ir directo a la despensa, coges una botella de agua y te bebes uno o dos vasos, verás como te pasan las ganas de comer tanto dulce.

-                      No te saltes ni una sola comida: como os he dicho tantas veces, es recomendable hacer un mínimo de cinco comidas al día (desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena). Saltarte una de ellas hará que llegues a la siguiente con más hambre de lo normal y ansioso por comer. Es cuando llegan esos temidos atracones. Haz todas las comidas, no dejes pasar más de cuatro horas sin comer, verás como controlas la ansiedad, comes las cantidades adecuadas, los productos adecuados, regulas tu organismo y, si necesitas perder volumen, lo harás.
En este punto tengo que hablar del desayuno. Seguro de muchos os saltáis el desayuno porque “por la mañana no tengo hambre”, “no tengo tiempo”… Lo primero, si no tenéis hambre por la mañana, lo más seguro es que se deba a que habéis cenado demasiado. La cena ha de ser la comida más ligera del día. Haced cenas más ligeras de lo que acostumbráis y veréis como os despertáis con hambre. Aun así, si habéis acostumbrado a vuestro cuerpo a no desayunar, al principio os costará, pero poco a poco lograréis acostumbraros y sacaréis tiempo para hacerlo (este tema lo trataré en otro post). Pero tenéis que tener en cuenta que el desayuno es muy importante para nuestro organismo.

Otro problema viene con los almuerzos y meriendas. Mucha gente no puede salir de su lugar de trabajo para almorzar/merendar y no puede tomarse un sándwich en el despacho. Un consejo, llevaos una tartera con fruta rápida de comer (uvas, cerezas, fresas…) y, aunque no podáis salir del despacho, podréis ir comiéndola sin problemas (nadie os verá sujetando un bocadillo, no dejaréis migas…).
Aunque no os parezca importante, lo es. No os saltéis ni una comida. Notaréis como va desapareciendo esa ansiedad.
-                      Haz ejercicio: la actividad física es algo que no puede faltar en nuestra vida. No sólo va bien para nuestro cuerpo, sino también para nuestra mente. Al hacer ejercicio nuestro organismo segrega endorfinas, la famosa hormona de la felicidad, por lo que al acabar te sentirás relajado, notarás que has dejado de lado aquello que tanto te preocupaba y que te provoca ansiedad.

Los días que no te apetezca o no puedas realizar actividades muy físicas, realiza técnicas de respiración y relajación.
-                      Mantén la mente distraída: si no logras eliminar de la cabeza aquello que te provoca ansiedad. Si llega ese momento en el que necesitas ir a la despensa a por chucherías, levántate pero no vayas a la despensa, ve a la estantería y coge una novela, o una revista, saca un puzzle y hazlo… Busca que tu mente se centre en cualquier actividad que no sea la comida, tu cuerpo lo agradecerá, y tu mente también.

-                      Duerme lo suficiente: cuando se duermen las horas suficientes, si el descanso es de calidad, se segrega leptina, una hormona que se encarga de indicarle al cerebro que el cuerpo está totalmente satisfecho, que no necesita nada más para sentirse bien.


Como veis no es difícil, son unos trucos muy sencillos. Sólo hay que tener fuerza de voluntad y, eso sí, constancia. Si sigues estos consejos todos los días, notarás que tu ansiedad desaparece y que tu calidad de vida mejora. Probad y me contáis. J

lunes, 8 de diciembre de 2014

CONSEJOS PARA ACELERAR EL METABOLISMO


Seguro que muchos de vosotros conoce a alguien que, por más que coma, no engorda. Seguro que también conocéis a los que engordan con tan sólo mirar la comida. Los primeros viven despreocupados, comen lo que quieren, cuando quieren, en las cantidades que quieren y presumen de no engordar porque “tengo el metabolismo rápido”
Los segundos se desesperan probando dietas, comiendo cada vez menos, intentan hacer deporte pero, al ver que los resultados no llegan en el tiempo que desean, acaban abandonando. Muchos de ellos oyen de boca de su médico aquello de “eres de metabolismo lento” y se rinden, toman esta afirmación como si fuese el nombre de una enfermedad que van a padecer toda la vida y caen en el peor círculo vicioso que existe, el del sedentarismo: como su metabolismo es lento creen que no van a ver resultados y entonces “¿para qué hacer ejercicio?, si igual voy a engordar, ¿para qué comer bien?"... Así, se ven cada vez peor, se desmotivan cada vez más, se gustan cada vez menos y cada vez tienen menos ganas de hacer nada.
Como ya os comenté hace un tiempo, el sedentarismo es muy peligroso, ya que favorece la aparición de enfermedades coronarias, diabetes tipo II, etc. Además, he de añadir que el estilo de vida sedentaria hace que el metabolismo se haga todavía más lento.
Pues bien, el post de hoy es para todos esos que tienen el metabolismo lento. Voy a intentar que veáis que lo que os pasa, en la mayoría de los casos, no es una enfermedad, es un efecto. Sí, paso a paso, haciendo las cosas bien, podéis eliminar la causa y acelerar vuestro metabolismo. Sólo necesitáis paciencia y fuerza de voluntad.
Para empezar, ¿sabéis lo que es el metabolismo? Es necesario que lo sepáis para poder entender el cómo se acelera. Básicamente, el metabolismo (metabolismo basal) es la cantidad de energía que nuestro cuerpo utiliza estando en reposo absoluto, es decir, la energía que nuestro cuerpo consume simplemente para mantenerse vivo. Se dice que el metabolismo es lento cuando esa energía es muy baja.

Ahora una gran pregunta: ¿cuáles son las causas que ralentizan el metabolismo?
Hay varias razones por las que un metabolismo puede hacerse cada vez más lento. Si veis que comiendo lo mismo de siempre aumentáis volumen y que cada vez os cuesta más quemar grasa, lo primero que tenéis que hacer es ir a que os hagan una analítica. Como he dicho antes, en la mayoría de los casos tener un metabolismo lento no es una enfermedad, pero siempre cabe la posibilidad de que sufráis hipotiroidismo, enfermedad que surge cuando la glándula tiroides (encargada de regular el gasto calórico y el metabolismo) no funciona correctamente. Lo bueno es que es fácilmente reversible. Siguiendo el tratamiento médico adecuado el funcionamiento de esta glándula se regula, con lo que vuelve a regularse el metabolismo.
Si ésta no es la causa por la que vuestro metabolismo se ha vuelto lento, podríais tener alguna intolerancia o alergia alimenticia. Las alergias y las intolerancias hacen que las digestiones sean malas, lo que, se ha comprobado, ralentiza el metabolismo. Mi consejo es que os hagáis la prueba de la intolerancia, a ver si estáis consumiendo algún producto que no deberíais de comer. No seáis reticentes a hacerlo simplemente porque “siempre he comido lo mismo y me ha sentado bien”, muchas intolerancias y alergias salen de repente. Así, igual un tomate, o un vaso de leche, que siempre os ha sentado bien, puede pasar a haceros daño de una semana para otra.
Pero bueno, he de admitir, que en muchos casos, las causas no son orgánicas, sino que las provocamos nosotros. El hecho de comer demasiado rápido, de no practicar ningún tipo de actividad física o de no beber la suficiente cantidad de agua puede provocar (y provoca) que el metabolismo se ralentice.
Una vez sabemos lo que hace que nuestro metabolismo no funcione a la velocidad adecuada, sólo tenemos que ponerle solución. Como he dicho antes, eliminar la causa. Si estáis en los dos primeros casos, es muy fácil: en el caso de hipertiroidismo sólo hay que seguir el tratamiento médico, en el caso de alergia o intolerancia sólo hay que dejar de consumir lo que os haga daño. Ahora, si sois vosotros los que lo estáis provocando con vuestros malos hábitos, hay que ponerse manos a la obra y cambiarlos.

Lo primero que hay que hacer es cambiar los hábitos alimenticios. Muchos de vosotros, cuando veis que ganáis volumen aunque comáis poco, optáis por la opción de comer cada vez menos, o caéis en la tentación de las peligrosas dietas milagro. Gran error. Como he explicado en más de un post, cuanto menos se come más grasa se acumula. Deberíais comenzar a comer, como mínimo, cinco veces al día. No sólo controlaréis mejor lo que coméis, sino también cuánto coméis, ya que al comer más seguido desaparece la ansiedad que aparece cuando hacemos que nuestro cuerpo pase demasiadas horas en ayunas. Además, el proceso digestivo necesita cierta cantidad de energía para llevarse a cabo, por lo que si hacemos que trabaje más, activaremos nuestro metabolismo. Eso sí, no se trata de comer cinco veces al día a base de fritos, comidas basura, dulces y demás. Se trata de llevar una dieta sana y equilibrada.
Lo mejor que podéis hacer a este respecto es poneros en manos de un buen nutricionista/endocrino. Nadie mejor que un experto en nutrición os va a poder aconsejar sobre qué comer y cuándo. Ellos os dirán las cantidades de alimento que debéis tomar y el tiempo que ha de pasar entre cada ingesta. Veréis como, siguiendo la dieta adecuada, vuestro organismo comienza a reaccionar. Además, estos profesionales os harán un seguimiento y os irán cambiando la dieta conforme vuestro metabolismo se vaya regulando y vayáis cambiando vuestros hábitos.

Eso sí, dentro de la dieta que te aconsejen, asegúrate de beber el agua suficiente. El agua es vital para nuestro organismo, sin ella no funcionan bien ninguno de nuestros sistemas. Así, si bebemos poco agua estos sistemas dejan de funcionar correctamente, por lo que van frenando su actividad. Seguro que habéis adivinado el efecto que esto tiene: nuestros sistemas están cada vez más parados por lo que cada vez gastamos menos energía (hemos hecho que nuestro metabolismo se vuelva lento).
Mi consejo es que bebáis al menos dos litros de agua al día. Igual muchos pensáis que es demasiado, pero no lo es, es lo necesario para nuestro cuerpo. Los que no estéis acostumbrados a beber mucha agua lo veréis imposible, pero no lo es, hacedlo. Al principio os notaréis hinchados, pero en pocos días notaréis que esa hinchazón desaparece e iréis notando como vais perdiendo esa grasa que tan poco os gusta (el agua ayuda a eliminar toxinas que favorecen la acumulación de grasa).
También es importante que durmáis bien. Intentad dormir cada noche entre seis y ocho horas. Se ha comprobado que no dormir ralentiza el metabolismo de manera considerable.

Por último, voy a hablar de otro error que se suele cometer, para mi uno de los más graves. Normalmente, cuando os ponéis a dieta pensáis que es suficiente y no hacéis nada más. Mal. Vale, siguiendo una dieta adecuada perderéis peso y volumen, en un principio se supone que ese es el objetivo. Pero hay que tener en cuenta que tan solo con la dieta una buena cantidad del peso que perdáis es muscular, perdéis músculo, no sólo grasa. Además, si el problema es que tenéis el metabolismo lento, os costará más quemar grasa.
Como he dicho antes, para poder salir del círculo vicioso en el que se puede llegar a entrar por culpa de un metabolismo lento, hay que cambiar de hábitos. Al igual que es importante cambiar los hábitos alimenticios, es muy importante que añadáis actividad física en vuestra rutina diaria.
Cuidado, mucha gente piensa que al tener un trabajo físicamente exigente ya hace lo suficiente, pero no. Por muy exigente que sea, vuestro cuerpo está acostumbrado a esa actividad, no le supone ningún “esfuerzo”, por decirlo de alguna manera. Para lograr darle ese pequeño empujón a vuestro metabolismo, tenéis que buscar una actividad extra. Mi consejo es que realicéis algún tipo de tonificación. Buscad que vuestros músculos crezcan (no, no estoy hablando de culturismo). Si hacemos que nuestro cuerpo se tonifique, nuestro organismo va a necesitar más energía para moverlo, lo que hace que el metabolismo se acelere.


Como veis son consejos fáciles. Seguidlos y veréis como salís del círculo vicioso del metabolismo lento y entráis en otro mucho mejor: el círculo vicioso de la vida sana. Un círculo en el que, cuando entras, comienzas a sentirte y a verte cada vez mejor, te motivas cada vez más, tienes cada vez más ganas de moverte... Un círculo en el que, si entras, verás que no querrás salir.  J