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martes, 19 de mayo de 2015

TRES "FRUTAS PROHIBIDAS" QUE NO PUEDEN FALTAR EN NUESTRA DIETA


Todo el mundo sabe que la sociedad actual tiende a la obesidad. Los malos hábitos alimenticios, el sedentarismo cada vez mayor, el estrés… Sí, el estilo de vida de la humanidad ha cambiado, y con él los cuerpos, cada vez más grasos, torpes y enfermos.
Por suerte, esta tendencia hacia la obesidad está haciendo que muchos empiecen a preocuparse por su salud y a intentar llevar una alimentación sana y equilibrada. Lo malo es que la mayoría no sigue los consejos de buenos profesionales y se dejan guiar por cualquier libro, revista o mito popular, por lo que esa buena intención (llevar una dieta sana y equilibrada) no llega, en la mayoría de los casos, a buen término.
Sí, a la hora de querer perder peso/volumen, se cometen muchos errores, para mí, el más generalizado y el peor de todos es el miedo que le coge la gente a una pequeña palabra: calorías.
Pensadlo, queréis perder algo de volumen y ¿qué es lo primero que hacéis? Estoy segura de que la gran mayoría, por cuenta propia (sin consultar a ningún nutricionista/endocrino), lo primero que hace es empezar a mirar las etiquetas de todo lo que compra, pero no para saber qué cantidad de grasa saturada, azúcares, etc., contiene, sino para saber cuántas calorías tiene. Y también estoy segura de que, si la cantidad de calorías que contiene el producto os parece elevada no lo compraréis “porque engorda”. Iréis y compraréis otros productos, por lo general de los conocidos como light.
Este miedo creciente a la palabra calorías está provocando que la gente haga barbaridades, dejando de consumir productos necesarios y buenos para nuestro organismo simplemente porque son calóricos y opte más por el consumo de productos modificados químicamente para eliminar calorías pero que no aportan beneficios a nuestro organismo. Bien al contrario, como ya comenté en su día en otro post, los productos light llegan a engordar más que un producto natural, por muy calórico que sea.

Éste es el motivo por el que mucha gente ha dejado de consumir algunas frutas, unas frutas que, de repente, se han convertido en frutas prohibidas por la cantidad de calorías que contienen. Lo malo es que la gente está tan convencida de que consumir calorías es malo, que no atienden a razones. Por más que les explicas que estas frutas no son malas, que, al contrario, aportan muchos beneficios a la salud, se niegan a consumirlas por miedo a ganar peso.
Pues bien, hoy este post va dedicado a esas frutas prohibidas que, para mí, son tan necesarias. Hoy os hablo del plátano, del aguacate y de la chirimoya, esas tres delicias cada vez más repudiadas por la sociedad.
Ante todo, quiero que tengáis en cuenta que, menos el agua, cualquier producto que consumamos nos aportará calorías. Pero, que aporten calorías no significa que engorden. Esas calorías son necesarias para que nuestro organismo pueda funcionar correctamente. Sólo hemos de saber qué cantidad tomar de cada producto y en qué momento del día. Por eso siempre insisto en que visitéis a un buen nutricionista/endocrino. Ellos os sabrán decir exactamente qué cantidad de cada alimento consumir y en qué momento del día hacerlo.
Mi consejo sería que tomaseis alguna de estas frutas para acompañar vuestro desayuno o vuestro almuerzo. En la primera mitad del día. Así, teniendo en cuenta que todavía tenéis todo el día por delante (actividad física, trabajo…), sabéis que vuestro cuerpo no sólo va a obtener los beneficios que os aportan, podéis estar seguros de que utilizará esas calorías, no las almacenará.
Ahora la gran pregunta: ¿por qué no pueden faltar en nuestra dieta estas frutas? Fácil:
EL PLÁTANO

Me confieso, el plátano es una de mis frutas preferidas. Pero mucha gente se niega a comerlo porque se creen ese falso mito de que engorda.
Está claro que el plátano no tiene tanta agua como otras frutas (es de las frutas que menos agua tiene) y por eso nos da la sensación de que engorda más que una manzana o que una naranja, por ejemplo. Y ya no sólo eso, quien se preocupa por ver las calorías de los alimentos, sabe que el aporte calórico del plátano es superior al de otras frutas (alrededor de 100 kcal. por cada 100 grs. de plátano).
Parece exagerado, ¿verdad? Pues vamos a hablar de piezas de fruta. Un plátano de unos 150 grs. de peso tiene más o menos las mismas calorías que una manzana o naranja medianas (que pesan sobre los 250 grs.). Sorprendente, ¿a que sí?
A esto voy a añadir que el poder saciante del plátano es mucho mayor que el la mayoría de frutas, ya que aporta mucha más fibra y contiene más hidratos de carbono, tanto simples como complejos.
Tampoco nos podemos olvidar de que es una gran fuente de vitamisnas C y B6 y de minerales esenciales, como el potasio y el ácido fólico.
Como veis, el plátano es una fruta indispensable para cualquier dieta (incluidas las dietas para personas diabéticas y las dietas de adelgazamiento). Además, es un complemento perfecto para todos aquellos que tenemos una gran actividad física.
Además, el plátano, una vez maduro, se convierte en un alimento de fácil digestión, muy rico en fibra soluble. Esto lo hace adecuado para el tratamiento tanto de estreñimiento como de diarrea. Y, también maduro, ayuda a eliminar el colesterol malo (LDL).
Por lo tanto, estaréis de acuerdo conmigo en que no tenemos por qué privarnos del sabor dulce de esta gran fruta, ¿verdad?
EL AGUACATE

Aunque muchos piensen que es una verdura por su apariencia y por su sabor, no, el aguacate es una fruta. Pero una fruta con un alto contenido en aceites vegetales, una fruta calórica (unas 207 kcal. por cada 100 gs.) y grasa. Esto es lo que ha hecho que mucha gente piense que engorda y se niegue a ingerirlo.
Pues bien, he de repetir que, eliminar esta fruta de la dieta, es un gran error, ya que se ha descubierto que el aceite del aguacate tiene grandes propiedades antioxidantes, es rico en grasa vegetal y el vitaminas E, A, B1, B2, B3, ácidos grasos, proteína y minerales.
Por otro lado, es una de las frutas que menos azúcar contiene, por lo que también pueden tomarlos la gente diabética.
Eso sí, no nos podemos olvidar que es una de las frutas más grasas que existe (su pulpa verdosa se conoce como mantequilla verde). Pero hemos de tener en cuenta que, esta grasa, es muy beneficiosa para nuestro organismo (está formada por ácidos grasos insaturados que, como los del aceite de oliva, nos ayudan a contrarrestar los efectos nocivos de las grasas saturadas).
Así que ya sabéis, no os privéis de acompañar vuestras ensaladas, de vez en cuando, con esta deliciosa fruta. No engordaréis de repente por ello.
LA CHIRIMOYA

La chirimoya es una fruta que contiene entre 90 y 100 calorías por cada 100 gramos. Lo malo es que cada pieza de fruta suele pesar alrededor de 300-400 gramos. Esto hace que el aporte calórico por pieza de fruta se dispare de manera importante.
¿A que este dato hace que muchos de vosotros penséis en no volver a comerlas? Pues bien, en contra de lo que estáis pensando, la chirimoya es recomendable también en las dietas de adelgazamiento. Esto se debe a que posee un gran efecto saciante y regulador del nivel de glucosa en sangre. Además, la gran cantidad de fibra que posee hace que el aguacate sea un gran laxante intestinal y hace que mejore la asimilación de los azúcares.
Aquí sí que tengo que aconsejar que, aunque la chirimoya es muy beneficiosa para nuestro organismo, su consumo ha de ser más ocasional. Digamos que, la podemos incluir en nuestra comida libre de la semana.

Como veis, cualquier fruta, por grasa y calórica que parezca, es necesaria para nuestro organismo. Simplemente hemos de saber con qué asiduidad consumirla. Para esto, como no, hablad con un nutricionista/endocrino profesional. Él os recomendará mejor que nadie la manera adecuada de hacerlo.

No eliminéis estas frutas de vuestra dieta, aprended a consumirlas de manera adecuada y disfrutad de su sabor. Vuestra salud os lo agradecerá. J


Para cualquier consulta: mejorsiesconsalud@gmail.com

jueves, 14 de mayo de 2015

CEREZAS. PEQUEÑAS FRUTAS CON GRANDES BENEFICIOS PARA LA SALUD


Llega el calor y, con él, llega la temporada de lo que se conoce como frutas de agua. Fruta deseada por todo el mundo por su delicioso sabor y por lo que refresca, pero que, además, posee grandes cualidades que muchos desconocen. Entre estas frutas se encuentran la sandía, la fresa, la cereza…
Pues bien, el hecho es que hace unas semanas unos amigos comentaron que estaban deseando que llegasen las cerezas al mercado, que se morían de ganas de comerlas. Para ellos, las cerezas son su fruta preferida. Durante esta conversación, me di cuenta de que, aunque es una fruta que me gusta mucho, si me dan a elegir, prefiero otras frutas (fresas o sandía, por ejemplo).
Ya tenía en mente escribir, de vez en cuando, sobre las propiedades de los alimentos de temporada, y tan emocionados los vi con las cerezas, que decidí dedicarles este post a ellos. Me puse a investigar y, sinceramente, me sorprendí de todo lo que esas pequeñas bolitas rojas hacen por nuestra salud.
Para comenzar, mencionaré, cómo no, su alto contenido en antioxidantes. Estos antioxidantes ayudan a prevenir determinados tipos de cáncer y enfermedades del corazón. Y, por su puesto, ayudan a combatir los radicales libres por lo que ayudan a retrasar el proceso de envejecimiento celular.

Por otro lado, se ha comprobado que los pigmentos que dotan a las cerezas de su característico color (antocianinas) reducen los dolores relacionados con la inflamación. Así, ayuda a reducir los síntomas de enfermedades como la artritis y la gota.
A este respecto, otros estudios aseguran que no sólo alivian el dolor, también ayudan a reducir ciertas inflamaciones. Estos estudios aseguran que son muy efectivas para reducir la inflamación de tendones y músculos sobrecargados tras un entrenamiento (corredores y atletas). Son consideradas como un buen remedio para lograr una rápida recuperación muscular, ya que, se ha comprobado, disminuyen el daño oxidativo que se produce en los músculos al realizar un entrenamiento intensivo.
Otro de los grandes compuestos de las cerezas es la melatonina, una sustancia natural que normalmente es producida por nuestro cerebro para regular los ciclos de sueño. Sí, nuestro cuerpo tiene la capacidad de producir melatonina, pero, normalmente, sólo lo hace en la oscuridad y, además, no todos son capaces de producir la suficiente melatonina como para lograr el descanso adecuado. Hay factores como la iluminación artificial que se encuentra en muchas oficinas y casas, que hacen que disminuya la cantidad de melatonina que nuestro cerebro es capaz de producir.

Así, comer cerezas nos ayudará a tener la suficiente melatonina, por lo que nos ayudará a combatir uno de los peores problemas de la sociedad en la actualidad: el insomnio.
Por otro lado, este compuesto (melatonina) también ayuda a regular el ritmo cardiaco, lo que convierte a las cerezas en grandes aliadas contra ciertas enfermedades cardiacas.
Como he dicho al comienzo del post, las cerezas son consideradas como fruta de agua, de hecho, una cereza contiene más de un 75% de agua. Esto las convierte en un alimento ideal para aquellos que buscan perder volumen. Es una fruta de bajo contenido calórico (unas 48 kcal. por 100 gr. de cerezas) y alto contenido en agua, lo que nos hace sentir más llenos durante más tiempo.

A esto también se suma su alto contenido en fibra, una fibra que, además de ayudar a nuestra salud digestiva y hacernos sentir saciados (lo que ayuda todavía más a la pérdida de volumen), impide la absorción del colesterol malo (LDL) en la sangre, ayudando así a prevenir ciertas enfermedades cardiovasculares.

Por último, no puedo dejar de mencionar que esta fruta es rica en vitamina A, C y E, y que, a su vez, tienen un alto contenido en potasio, magnesio, hierro, ácido fólico y boro, todos ellos esenciales para el correcto funcionamiento de nuestro organismo.

Como veis, es sorprendente todo lo que puede llegar a hacer esta pequeña fruta por nuestra salud. Sinceramente, tras averiguar todo esto, me he propuesto comer más cerezas este año, ¿y vosotros? Ahora que llega la temporada de esta fruta y sabéis todos sus beneficios, yo no dejaría pasar la oportunidad. Añadid esa fruta a vuestra dieta. Vuestra salud lo agradecerá. J


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domingo, 10 de mayo de 2015

CONSEJOS PARA EVITAR LAS MIGRAÑAS


Se calcula que alrededor del 13% de la población de entre 18 y 65 años sufre migrañas, un dolor de cabeza insoportable que puede durar entre 4 y 72 horas. Este dolor suele estar acompañado de náuseas, vómitos e hipersensibilidad a la luz y los ruidos.
Las personas que sufren este malestar se ven obligadas a detener su actividad habitual, o, al menos, a limitarla, mientras dura el dolor, y hay mucha gente que lo sufre de manera crónica. ¿Os imagináis lo que sería vivir con este dolor más de 15 días al mes?
La gente propensa a este tipo de dolor pregunta a menudo por qué le sobrevienen los ataques y qué podrían hacer para evitarlos. Así que hoy, mi post va para vosotros. Voy a comentaros los que suelen ser los principales desencadenantes de un ataque de migrañas para que intentéis evitarlos y voy a centrarme un poco en la alimentación, porque sí, aunque cueste de creer, hay alimentos que pueden provocar un ataque de migrañas y alimentos que pueden ayudar a evitarlos.

Las principales causas que desencadenan una crisis de migrañas suelen ser el estrés, el dormir pocas horas o dormir de manera interrumpida, los cambios bruscos de temperatura, los olores intensos (el tabaco, por ejemplo) y, como acabo de mencionar, algunos alimentos y bebidas.
Estoy segura de que, si pensáis en las últimas crisis que habéis sufrido, todas han sido durante un período de estrés excesivo, de poco sueño o de cambios bruscos. En este caso, el consejo es muy sencillo (sencillo de dar pero, en la mayoría de los casos, no tan sencillo de seguir, lo sé): intentad reducir el estrés al máximo y dormir las horas suficientes sin interrupción.
Una vez más, os he de recordar que realizar actividad física a diario os ayudará a lograrlo. Al hacer ejercicio, nuestro cuerpo segrega las famosas endorfinas, la conocida como hormona de la felicidad. Además, está comprobado que tras el ejercicio el cuerpo descansa mejor.
Con respecto a la alimentación, los productos que suelen favorecer la aparición de una crisis de migrañas son aquellos con un alto contenido en tiramina, histamina, phenilalanina o flavonides fenólicos. Estas sustancias se concentran sobre todo en los chocolates, en los quesos curados, en los ahumados, en las carnes rojas, las salchichas, el bacon, el jamón, en el marisco, el vino tinto y la cerveza (y el alcohol en general) y los cítricos.

También hay estudios que señalan como causantes de crisis de migrañas a aquellos adictivos alimentarios que se utilizan para ensalzar el sabor en caldos, salsas y alimentos precocinados, en las conservas de pescado, en las aceitunas y en los productos de pastelería y repostería.
Así que os invito a pensar otra vez en las últimas crisis que hayáis sufrido. ¿Fueron precedidas de alguno de estos alimentos? Si la respuesta es afirmativa, os aconsejo que reduzcáis al máximo la ingesta de dichos productos, a ver qué tal os va. Lo más seguro que os sorprendáis notando cómo se reducen las crisis y/o aumenta el tiempo transcurrido entre ellas.
También es muy aconsejable que llevéis una buena dieta, una dieta equilibrada. En esa dieta no pueden faltar los huevos, las frutas y las verduras, sobre todo las de hoja de color verde oscuro (espinacas, por ejemplo), ya que son ricas en vitamina B, muy útil contra las cefaleas y las migrañas. Tampoco pueden faltar en vuestra dieta los cereales integrales y la proteína de calidad.

Como siempre aconsejo, no os saltéis ninguna comida. Especialmente el desayuno. Pasar hambre puede producir migrañas. Pensad que durante toda la noche nuestro cuerpo ayuna, así que empezar el día sin un buen desayuno puede hacer que os sobrevenga una crisis de migrañas a media mañana (sobre todo si la mañana es estresante en el trabajo). Como siempre digo, hay que hacer un mínimo de 5 comidas al día. No dejéis que pasen más de 4 horas sin ingerir alimento.
Por otro lado, hemos de tener en cuenta que, como os comenté hace unos meses en otro post, hay estudios que aseguran que el magnesio puede reducir la aparición de cefaleas migrañosas en un 41.6%. Así, es muy aconsejable que añadáis alimentos ricos en este mineral a vuestra dieta diaria: nueces, almendras, anacardos, cereales integrales, germen de trigo, soja...

En el caso de la cafeína hay controversia. Aunque se ha demostrado que es uno de los desencadenantes de crisis de migrañas más comunes, hay estudios que le otorgan un poder vasodilatador que ayuda a mitigar los dolores de cabeza. De hecho, mucha medicación contra el dolor de cabeza contiene cafeína.
A este respecto he de volver a decir esa frase que me gusta tanto: cada persona es un mundo. Por lo visto hay personas a las que la cafeína les provoca migrañas y otras a las que, aun siendo propensas a sufrirlas, o se las provoca.
Si sueles tomas café y no sabes si te provoca las migrañas, te aconsejo a que reduzcas su consumo. Sólo así averiguarás el efecto que tiene la cafeína en ti. Si resulta que te provoca migrañas, ve reduciendo su consumo hasta abandonarlo por completo. Eso sí, si tomas mucho café, no lo dejes de golpe, podría causarte jaquecas.

Cómo no, os he de aconsejar que os mantengáis bien hidratados durante todo el día. La deshidratación es otra causa desencadenante de migrañas. Además, hay estudios que han comprobado que, si bebes dos vasos de agua cuando notas que te va a sobrevenir una crisis de migrañas, se reduce muy ampliamente la posibilidad de que esta aparezca.
Por último, si, pese a todo. sobreviene una crisis de migrañas, masajearte las sienes con aceite de lavanda te ayudará a aliviar el dolor.

Como veis, una vez más, se demuestra que llevar una vida sana es lo mejor para nuestra salud. Sólo hay que llevar una dieta equilibrada (eliminando los alimentos que te puedan producir una crisis, por supuesto), hacer ejercicio, descansar lo suficiente e hidratarse bien para hacer que este dolor tan temido y molesto se reduzca en frecuencia e intensidad . Intentadlo, vuestra salud os lo agradecerá. J


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domingo, 26 de abril de 2015

LA IMPORTANCIA DEL POTASIO PARA NUESTRA SALUD


Por lo general, el Potasio es ese mineral del que sólo nos acordamos cuando sufrimos calambres. Estoy segura de que nadie, o casi nadie, sabe la razón, pero en cuanto alguien sufre un calambre muscular lo primero que se le dice es “eso es que te falta potasio”.
Sí, es verdad, uno de los síntomas de la hipopotasemia o hipokalemia (falta de potasio) es la aparición de calambres musculares. Lo malo es que esto es lo único que sabe la gran mayoría sobre este mineral. Por lo general no se le da importancia, incluso muchos se niegan a ingerir alimentos que lo contienen porque siguen dietas demasiado estrictas y piensan que son alimentos muy calóricos. Gran error.
Cuando seguimos una dieta, no sólo hemos de fijarnos en el número de calorías que ingerimos. Sobre todo hemos de asegurarnos de que esa dieta sea sana y equilibrada, ya que la falta de algún macronutriente (hidratos de carbono, proteínas y grasas) o de algún micronutriente (vitaminas y minerales) puede acarrearnos graves problemas de salud.
En este caso, el potasio es un mineral. Pero no es un mineral cualquiera. Está considerado un macromineral, ya que es uno de los más presentes en nuestro organismo. En concreto, es el tercer mineral que nuestro cuerpo posee en mayor cantidad (tras el calcio y el fósforo). Ahora es cuestión de pensar: si nuestro cuerpo posee tan alta cantidad de este mineral, será por algo, ¿no?

Pues sí, el potasio juega un papel muy importante en nuestro organismo. Junto con el sodio regula el equilibrio de agua y del ácido base tanto en la sangre como en los tejidos.
Además interviene directamente en la contracción muscular. Una vez más, recuerdo que el corazón es un músculo, por lo que podemos imaginarnos la importancia que tiene este mineral para nuestra salud cardíaca, ¿verdad?
Por otro lado, muchas enzimas necesitan potasio para poder activarse. Entre ellas, destaca la enzima piruvato quinasa, muy importante en el metabolismo de los hidratos de carbono. Como he comentado más de una vez, los hidratos de carbono son la principal fuente de energía que utilizan nuestros músculos para moverse.
Si a todo esto añadimos que es esencial para la síntesis de proteínas, importantes para el desarrollo muscular, vemos lo importante que es ese mineral para nuestro sistema muscular. De ahí que su déficit cause, entre otras cosas, problemas musculares (calambres).
Ahora, no vayáis a pensar que las funciones de este macromineral en nuestro organismo, se quedan aquí. No. Tiene muchas más. Entre ellas destacan:
-          Ayuda a transportar oxígeno al cerebro (junto con el fósforo).
-          Ayuda a normalizar el ritmo cardíaco (junto con el calcio y el sodio).
-          Ayuda a regular la presión arterial.
-          Estimula los impulsos nerviosos y la actividad neuromuscular (junto con el sodio)
-          Ayuda a mantener el equilibrio del PH de nuestro organismo.
-          Colabora de forma directa en la conversión de la glucosa en glucógeno.
-          Ayuda a la formación de músculos, por lo que es de vital importancia para un crecimiento normal.
-          Estimula los movimientos del intestino, por lo que su consumo es de gran importancia para aquellas personas que sufren estreñimiento.
-          Favorece la eliminación de líquidos.
-          Ayuda a combatir la fatiga.
Así, con todo lo que hace en nuestro organismo, os podéis imaginar que la falta de potasio puede acarrear problemas mucho más graves que un calambre muscular, ¿verdad?

Pues sí, la hipokalemia, además de calambres musculares, puede provocar problemas como debilidad y fatiga muscular, dolores de huesos y articulaciones, irritabilidad, estreñimiento, retención de líquidos y edemas, confusión mental y falta de reflejos, hipoglucemia, arritmias cardíacas, alteraciones de la presión arterial, alteraciones del crecimiento, nauseas y vómitos.
Así que, ya sabéis, si tenéis alguno de estos síntomas, id a vuestro médico y haceros una analítica de sangre. Puede que vuestros niveles de potasio sean demasiado bajos y, si no lo solucionáis, los problemas pueden ir a peor.
Lo peor de todo es que, muchas veces, somos nosotros mismos lo que nos provocamos la falta de potasio y no lo sabemos. Debéis de saber que nuestro organismo elimina mucho potasio a través de la orina. Así, todas aquellas personas que abusan de los diuréticos con la esperanza de perder alguna talla, sin saberlo, están haciendo que su organismo elimine más potasio del que debería. Si ese potasio no se recupera, se puede llegar a la hipokalemia.

Lo mismo les pasa a todas aquellas personas que abusan de laxantes (ya sea para bajar tallas o para combatir el estreñimiento). Tanto para perder líquidos, como tallas, como para intentar aliviar el estreñimiento, deberíais llevar una dieta adecuada, con el consumo adecuado de agua, y realizar ejercicio diario. Intentad no abusar de este tipo de productos, que eliminan de vuestro cuerpo nutrientes esenciales.
También hemos de tener mucho cuidado aquellos que sudamos copiosamente. Nuestro cuerpo también elimina potasio a través de la sudoración. Así, sobre todo ahora que llega el calor, tras realizar cualquier ejercicio que nos haga sudar de manera excesiva, debemos de rehidratarnos con una buena bebida deportiva. Ésta no sólo nos ayudará a reponer los líquidos perdidos, también nos ayuda a reponer los electrolitos eliminados con el sudor (principalmente potasio y sodio).

También es bueno que sepáis que el potasio y el sodio han de estar en perfecto equilibrio en nuestro organismo. Así, el consumo excesivo de sal romperá ese equilibrio. Nuestro cuerpo necesitaría también más potasio. Si no se lo proporcionamos, nuestro cuerpo no eliminará el sodio pensando que hay un exceso de este mineral. Lo que hará es pensar que los niveles de potasio son bajos y actuará en consecuencia (comenzarán los síntomas de la hipokalemia). Por lo que, si tenéis la costumbre de añadir mucha sal a los alimentos, empezar a cambiarla. Nuestro organismo tiene suficiente sal con la que contienen los alimentos de forma natural, no es bueno que abuséis de este producto. Si la comida os parece sosa sin tanta sal, ¿por qué no probáis a añadir especias a vuestros alimentos? Creedme, os sorprenderéis.

Como he comentado, el potasio ayuda a convertir la glucosa en glucógeno. Así, si consumimos demasiado azúcar refinado (glucosa, nuestro organismo no la necesita), nuestro organismo necesitará más potasio para poderla convertir en glucógeno (muy importante para nuestro organismo). Como consecuencia, disminuye el nivel de potasio en nuestro organismo.
Otro gran error que comete mucha gente que busca perder alguna talla es el de dejarse llevar por las peligrosas dietas milagro. Desde hace unos años, la mayoría de esas dietas se basan en una premisa: reducir al máximo el consumo de hidratos de carbono. Ahora pensad, el potasio interviene directamente en la contracción muscular. Si le negamos a nuestro cuerpo la principal fuente de energía que utilizan nuestros músculos para poder moverse, ¿qué pasará? ¡Correcto! Nuestro organismo utilizará más potasio del necesario para lograr mover cada uno de nuestros músculos. Ya suponéis lo que esto quiere decir, ¿verdad? Aumentamos el riesgo de sufrir hipokalemia. Quitaos de la cabeza eso de que los hidratos de carbono engordan. Es mentira. Los hidratos de carbono son muy necesarios para nuestro organismo. Sólo hay que saber cómo y cuándo tomarlos.

Otro de los problemas de este tipo de dietas es que suelen ser hipocalóricas (bajas en calorías). Así, suelen prohibir el consumo de ciertos alimentos por “tener demasiadas calorías”, sin tener en cuenta que esos alimentos son muy importantes para nuestra salud. Muchos de ellos son nuestra principal fuente de potasio (plátano, frutos secos, legumbres…).
También hemos de tener cuidado con el estrés, tanto físico como emocional. Está comprobado que aquellos que lo sufren de manera prolongada tienen más probabilidades de sufrir hipokalemia.
En caso de que sufráis hipokalemia, sólo vuestro médico puede aconsejaros sobre cómo recuperar los niveles de potasio. Sólo él sabrá qué suplementos son los adecuados para vuestro caso.
Si no la sufrís, está en vuestra mano no llegar a sufrirla. Sólo tenéis que eliminar algunos malos hábitos como el consumo excesivo de sal o de azúcar refinado, no hacer locuras para perder tallas…, y añadir a vuestra dieta alguno de estos alimentos (todos ellos ricos en potasio):

-          Pescados: caballa, salmón y trucha.
-          Carnes: pollo y carnes rojas.
-          Frutas: plátano, melón (tanto verde como amarillo), kiwi, albaricoque, cereza, ciruela, uva (las uvas y las ciruelas pasas tienen mayor concentración de potasio que las frescas).
-          Hortalizas: alcachofa, apio, berenjena, boniato, brócoli, calabaza, col, guisantes, maíz dulce, rábano, remolacha, zanahoria.
-          Legumbres: habas, judías blancas, lentejas.
-          Productos lácteos.
-          Frutos secos: nueces, almendras, avellanas.
-          Setas: champiñones y trufas.

Como veis, no nos lo podemos tomar a broma. Desterrad malas costumbres y comenzad a darle importancia a este mineral. Vuestra salud os lo agradecerá. J


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viernes, 20 de febrero de 2015

COLESTEROL. QUÉ ES Y QUÉ ALIMENTOS PUEDEN AYUDAR A CONTROLARLO


¿Alguna vez habéis tenido el colesterol alto? Si la respuesta es negativa me alegro muchísimo. Pero estoy segura de que todos conocéis a alguien que sí que lo tiene.
Por todos es sabido lo malo que es para la salud tener los niveles de colesterol altos: grandes posibilidades de sufrir un infarto de miocardio, arteroesclerosis (el exceso de colesterol de deposita en las paredes de las arterias, por lo que sus paredes se van estrechando)…
Ahora, ¿qué es el colesterol? Todos sabemos que hay un colesterol bueno y un colesterol malo, pero ¿cuál es cuál? Y, sobre todo, ¿podemos hacer algo para mantenerlo a raya y evitar sustos y, como no, la consiguiente medicación?
Éstas son las dudas más comunes que suele hacerse la gente en relación a este tema. Así que, en el post de hoy, voy a intentar resolverlas.
Para comenzar, me gustaría aclarar qué es eso que nos asusta tanto, el colesterol. Es simplemente una sustancia grasa natural que está presente en todas las células de nuestro cuerpo, y es muy necesaria para que nuestro organismo funcione correctamente. La mayor parte del colesterol de nuestro cuerpo se produce en el hígado, aunque también lo podemos obtener a través de la alimentación.
Para que os hagáis una idea de lo importante que es para nuestro organismo, entre sus funciones destaca la formación de ácidos biliares (vitales para la digestión de grasas). Nuestro organismo lo utiliza para formar ciertas hormonas (sexuales y tiroideas, por ejemplo). Además, los rayos del sol lo transforman en vitamina D para proteger nuestra piel de ciertos agentes químicos y evitar la deshidratación.

Ahora, si es tan importante para el funcionamiento de nuestro organismo, ¿por qué no debemos de tenerlo alto? La respuesta es muy sencilla: no hay que tener bajo el colesterol en general, hay que mantener bajo el conocido como colesterol malo. Os explico:
Cuando alguno de nuestros órganos necesita colesterol, la sangre se encarga de hacérselo llegar. Para poder ser transportado, el colesterol se une a unas partículas llamadas lipoproteínas. Éstas pueden ser de baja o de alta densidad.
Las lipoproteínas de baja densidad (LDL) se encargan de transportar el colesterol desde el hígado hasta nuestras células.
Por el contrario, las lipoproteínas de alta densidad (HDL) recogen el colesterol no utilizado y lo devuelven al hígado para que sea almacenado o excretado a través de la bilis.
Así, si tenemos los niveles de LDL demasiado elevados, se transportará más colesterol del que nuestras células necesitan. Si los niveles de HDL se mantienen bajos, no podrán recoger todo el excedente de colesterol, que se adherirá a las paredes de las arterias, comenzando así los problemas.
Lo malo de todo esto es que no hay síntomas visibles de colesterol alto. La única manera de saberlo es a través de una analítica de sangre. Cuando os hagáis una analítica de sangre fijaos en estos valores (LDL y HDL). Se dice que el nivel de colesterol es normal si éste está por debajo de 200 mg/dl. Pero no os asustéis si lo tenéis un poco por encima. Antes de asustaros, mirad los valores de LDL y de HDL que tenéis. Los niveles normales de LDL han de ser iguales o inferiores a 100 mg/dl y el de HDL ha de ser superior a 35 mg/dl en hombres y 40 mg/dl en mujeres.
Con esto quiero decir que, si tu colesterol total está a 180, pero 160 se corresponden a LDL y 20 a HDL, has de considerar que tienes el colesterol alto, con todos los riesgos que ello conlleva.

Por supuesto, si tus niveles están muy elevados, tu médico te recetará la medicación adecuada y te recomendará una dieta baja en grasas para lograr bajarlo y eludir los riesgos.
Lo malo que veo en esto es que todo el mundo habla de prohibiciones. De hecho todos sabemos qué es lo que no se debe de consumir si tenemos colesterol alto (carnes grasas, embutidos, fritos…). Todo lo que se recomienda son eso, prohibiciones. Creo que se deberían hacer las cosas de otra manera. Por supuesto, hay que prohibir consumir los alimentos que harán que aumenten los niveles de LDL, pero, ¿por qué nadie aconseja aumentar el consumo de alimentos que pueden ayudar a reducirlo?
Hace un tiempo, la Harvard Medical School publicó una lista con los alimentos considerados como anticolesterol. Es la siguiente:
-                           Aceites vegetales: de entre ellos, destaca el aceite de oliva, rico en ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico), vitamina E y fitosteroles (todos son compuestos cardioprotectores).

-                           Avena: compuesta de grasas insaturadas (no en gran cantidad, pero sí de buena calidad), avenasterol (tiene la capacidad de reducir la absorción de colesterol en el intestino), fibra y lecitina. Todas estas sustancias, se ha demostrado, ayudan a reducir los niveles de colesterol plasmático.

-                           Berenjena, okra y frutas (manzanas, uvas, fresas y cítricos). El poder de estos vegetales para disminuir los niveles de colesterol se debe, en parte, a su aporte de fibra (limita y retrasa la absorción intestinal del colesterol).

Para los que os lo estéis preguntando, la okra es una hortaliza muy poco (o nada) conocida en esta zona. Destaca por su riqueza en fibra soluble.
-                           Cebada: al igual que la avena, es rica en un tipo de fibra soluble (betaglucanos) eficaz en la reducción de los niveles de LDL.

-                           Frutos secos: sobre todo, nueces. Suponen un buen aporte de ácido alfa-linolénico (nuestro organismo lo transforma en ácidos grasos Omega-3). También contienen fitosteroles, sustancia que ayuda a reducir el colesterol.

-                           Legumbres: algunos fotoquímicos de las leguminosas están implicados de manera directa en la reducción del colesterol y en la prevención de la formación de la capa de ateroma que antecede a enfermedades cardiovasculares.

-                           Pescado graso: el pescado azúl es rico el ácidos grasos Omega-3, con una reconocida capacidad para disminuir los triglicéridos plasmáticos, para aumentar la vasodilatación arterial y para reducir el riesto de trombosis y la tensión arterial. Todo ello los convierte en protectores contra las enfermedades cardiovasculares.

-                           Soja: su consumo habitual aporta una cantidad significativa de grasa de una gran calidad nutricional (ácido linoleico y ácido oleico), lecitina e isoflavonas. Todo ello muy beneficioso para nuestro organismo por su eficacia reduciendo el colesterol malo. Además, se ha demostrado que las isoflavonas de la soja tienen un gran poder antioxidante sobre las lipoproteínas de alta densidad, por lo que ayudan a disminuir el conocido como colesterol malo.

Como veis, casi todos son alimentos de consumo habitual, muy fáciles de adquirir.
Con esto sólo me queda daros un consejo. Tanto si os habéis hecho una analítica recientemente como si no, tanto si tenéis los niveles de LDL demasiado elevados como si no, eliminad, o, al menos, disminuid, el consumo de grasas saturadas, de azúcares, y demás alimentos que ya todos sabemos perjudiciales en este aspecto, y añadid o aumentad vuestro consumo de los alimentos que os acabo de listar. Si vuestro colesterol está en los niveles adecuados, os ayudarán a mantenerlo ahí. Si está demasiado alto, os ayudarán a controlarlo.


Como siempre se ha dicho: mas vale prevenir que curar. No dejéis de haceros vuestra analítica periódica. Veréis como, con la alimentación correcta, todo funciona a la perfección. J

miércoles, 7 de enero de 2015

LA DIETA DE LOS GRUPOS SANGUÍNEOS. ¿PUEDE LA SANGRE DECIR LO QUE DEBEMOS COMER?



Hacía ya mucho tiempo que no oía hablar de la dieta de los grupos sanguíneos. Tanto que pensaba que, por fin, había pasado su época (sí, esto de las dietas con nombre propio va por épocas. Siguen modas). Pues bien, me equivocaba. Desde hace unas semanas llegan a mis ojos gran cantidad de artículos y posts que rezan aquello de "dime qué grupo de sangre tienes y te diré que debes de comer". Y ya son varias las personas que me han dicho que "he dejado de comer carne porque soy del grupo A y me han dicho que no es buena para mí", o "he dejado de tomar leche porque soy del grupo O y me han dicho que me sienta mal".

Por supuesto mi primera reacción siempre es preguntar: si siempre te ha sentado bien la carne, la leche, los huevos, el marisco..., ¿por qué dejas de tomarlo ahora? Que un libro te diga que esos alimentos te sientan mal por tu grupo sanguíneo, ¿es motivo suficiente para que de repente te creas que es así?

Hoy, como bien os habréis dado cuenta voy a someter a examen a esta dieta. Voy a contaros de dónde surge la idea de que el tipo de sangre de cada persona le dicta la dieta, y os daré mi opinión sincera. A partir de ahí, cada uno, como siempre, que haga lo que crea mejor.

La dieta del grupo sanguíneo no es la típica dieta milagro, que te propone perder mucho peso en tiempo récord. No. El objetivo principal de este tipo de dieta no es la pérdida de peso. Aunque se suele recetar con esta finalidad, su principal objetivo es el de vivir de manera saludable. Su propósito es que cambiemos nuestro estilo de vida dependiendo del grupo sanguíneo que tengamos.

Esta idea se le ocurrió a un naturópata americano, Peter d'Adamo, hace cerca de cuarenta años. Al ver que no todos sus pacientes respondían bien al tratamiento que les recetaba, llegó a la conclusión de que ciertas sustancias de algunos alimentos no eran compatibles con según qué grupos sanguíneos. Así, si consumes alimentos que contienen sustancias no compatibles con tu grupo sanguíneo, estos alimentos te van a sentar mal, van a hacer que engordes e, incluso, pueden impedir que adelgaces.

Ahora, ¿cómo logró clasificar Peter d'Adamo qué alimentos son compatibles y cuales son incompatibles con cada grupo sanguíneo? Lo hizo basándose en la idea de que cada grupo sanguíneo se creó en una época distinta de la humanidad. Así, conociendo en qué momento apareció cada grupo, y sabiendo lo que comía la civilización de aquel entonces, se puede saber qué es lo que se ha de comer según el grupo de sangre que se tiene.

Siguiendo esta teoría, d'Adamo define a las personas del grupo O como cazadores, ya que, asegura, este grupo se creó hace 40.000 años. Las personas de este grupo han de consumir principalmente carne, pescado, verdura, semillas y fruta (excepto kiwis, naranjas, melón y coco). Los cereales y las legumbres han de consumirlos con moderación, pero jamás han de utilizar la proteína de estas últimas en sustitución de la proteína de la carne roja (la carne roja es de vital importancia para la gente de este grupo). Se les recomienda la actividad física intensa, como, por ejemplo, deportes de competición.

Si eres como yo, de los del grupo A, eres de los agricultores. D'Adamo afirma que este grupo sanguíneo surgió hace 25.000 - 10.000 años. A nosotros se nos recomienda ser vegetarianos, es decir, hemos de basar nuestra dieta en los cereales, la fruta y la verdura, aunque consumir algo de pescado y/o marisco, legumbres y soja de vez en cuando no nos va a sentar muy mal. Para nosotros es recomendable la actividad física suave/moderada, como, por ejemplo, caminar, hacer yoga...

A los del grupo B los define como nómadas, ya que este grupo sanguíneo surgió hace 15.000 - 10.000 años. La gente de este grupo es la única a la que se le recomienda el consumo de lácteos a voluntad. También pueden tomar carne, pescado, legumbres, cereales, fruta y verdura. La actividad física recomendada para este grupo es la moderada (carrera contínua, natación...).

Por último están los del grupo AB. A estos no los definió con ningún nombre, tan sólo especificó que este grupo sanguíneo surgió hace 1.000 años y que pueden tomar tanto los alimentos permitidos por los agricultores como por los nómadas, ya que este grupo es una mezcla de los dos anteriores.

Hasta aquí, a grosso modo, el planteamiento de la dieta de los grupos sanguíneos. ¿Qué os parece? Sinceramente, a mí nunca me ha convencido.

Muchos de los que la habéis probado me diréis "pues yo adelgacé gracias a esta dieta". No lo pongo en duda. Pero seguro que esa pérdida de peso se debe más al hecho de que, como cualquier dieta que se precie, esta dieta prohibe el consumo de azúcares, fritos, bollería industrial, etc., que al hecho de que habéis comido lo que os dictaba vuestra sangre.

Por otro lado están los que piensan que es una dieta muy completa, ya que cada grupo sanguíneo consume variedad de alimentos. Yo no estoy tan segura de eso. La gente del grupo A, por ejemplo, si siguen esta dieta, van a tener deficiencias graves de calcio y hierro entre otros minerales importantes para el organismo.

A parte de esto, os voy a comentar por qué nunca me ha convencido esta dieta. Desde que oí hablar por primera vez de ella, siempre me he preguntado: ¿los grupos sanguíneos surgen, se crean? Yo juraría que siempre han estado ahí. De crearse, ¿cómo se hace, por generación espontánea? Y, más allá, ¿cómo sabe el sr. d'Adamo cuándo surgió cada grupo? ¿Hay algún tipo de prueba que corrobore que lo que afirma es cierto? Yo que sepa, y si me equivoco, por favor, decídmelo, hace 40.000 años no se hacían analíticas de sangre para saber con qué grupo sanguíneo nacía cada uno.

Voy a ir un poquito más allá. Hasta el siglo XVII no se realizó la primera transfusión de sangre. A partir de entonces, mucha gente moría después de que se le realizara una transfusión y no se supo el por qué hasta 1930, año en el que Karl Landsteiner descubrió que había varios tipos de sangre y sus compatibilidades. Fue en este año cuando se nominaron los grupos como los conocemos (A, B, O, AB).

Con todo esto, me vuelvo a preguntar: si hasta 1930 (hace sólo 85 años) no se descubrió que existían varios tipos de sangre, ¿cómo puede alguien basar la teoría de una dieta en el tipo de sangre que había hace 40.000 años? Lo siento, no me cuadra.

Por otro lado, a esta dieta le veo la misma pega que a todas las demás dietas con nombre propio, restrictivas, y dietas milagro: generaliza. Da las mismas pautas para todos los que tengan el mismo grupo sanguíneo. Para mí, un gran error. Como he dicho en más de una ocasión, la dieta que has de seguir sólo puede tener un nombre, el tuyo propio. Tu dieta se ha de basar en tu edad, tu sexo, tu complexión, tu actividad, tu finalidad... Dos personas del mismo grupo sanguíneo pueden ser totalmente diferentes (sexos opuestos, pesos dispares, una muy activa y la otra sedentaria, una querer perder volumen y la otra ganar masa muscular...) por lo que no pueden llevar la misma dieta.

Con respecto a las incompatibilidades alimentarias, existen, y cada vez más. Consumir alimentos que son incompables con nuestro organismo va a hacer que nos sintamos mal, que tengamos hinchazón, molestias intestinales, diarreas, incluso pueden hacernos engordar e impedir que adelgacemos. Pero la solución a esto no es comprar el libro de d'Adamo y seguir su dieta. La solución es hacerse una analítica para saber exactamente qué alimentos no puedes tomar y dejar de tomarlos, así de sencillo.

Como veis, otra dieta que desaconsejo totalmente. Una dieta basada en suposiciones sin base científica alguna, una dieta muy restrictiva para algunos, una dieta que generaliza. ¿Me permitís un consejo? Si queréis una buena dieta, una que os funcione a la perfección, no gastéis vuestro dinero en libros, invertidlo en visitar a un buen nutricionista/endocrino. El os podrá decir exactamente qué comer, cómo, cuándo y en qué cantidades para que podáis lograr vuestro objetivo sin que vuestro organismo sufra lo más mínimo. J