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domingo, 19 de abril de 2015

CUIDA TU SALUD BAILANDO


Si hay una actividad que se ha ido abriendo hueco en la sociedad actual, es el baile. Siempre han existido escuelas de baile a donde asistir para aprender los distintos bailes de salón, escuelas de baile latino, escuelas de flamenco, escuelas de ballet… Pero, en las últimas décadas, su número ha aumentado notablemente. Y esto no se queda ahí, el baile ha ido introduciéndose poco a poco, pero con paso firme, en las salas de actividades dirigidas de los gimnasios. Sí, actividades como el Body Jam, el Sh’Bam, el Zumba o el Cubbà son de las más demandadas hoy en día.
Sí, la gente ha encontrado en el baile (y en las actividades dirigidas basadas en el baile) una gran manera de divertirse. ¿Os habéis asomado alguna vez a una de estas clases?, si lo hacéis, veréis que no hay nadie serio. Es imposible no oír carcajadas en estas clases. La música, los movimientos, los primeros intentos para coger algún paso… Sí, son de las clases más divertidas que existen.
Aun así, hay gente muy reacia a probar este tipo de actividades (tanto el baile puro como las actividades dirigidas basadas en el baile) porque “soy muy patoso/a”, “el baile no es lo mío”, “no tengo coordinación, y para esas clases hace falta mucha”, y un largo etcétera.
Pues por eso escribo este post. Me encantaría que todos intentaseis bailar alguna vez. Os sorprenderían mucho los logros. Y no sólo estoy hablando de logros físicos. Está comprobado que el baile tiene muchos beneficios para la salud.

Como ejercicio aeróbico que es, el baile es muy beneficioso para mantener una buena salud cardiovascular. El corazón aumenta la fuerza de bombeo, por lo la sangre llega más fácilmente a cada uno de los tejidos de nuestro cuerpo, es decir, mejora la circulación sanguínea evitando así ciertos problemas circulatorios como las varices.
A parte, también ayuda a aumentar la capacidad pulmonar. Nuestros pulmones tienen unas pequeñas bolsas, llamadas alveolos, que son las encargadas de lo que se conoce como intercambio de gases. Es decir, son los encargados de oxigenar la sangre para que ésta lleve el oxígeno a los tejidos de nuestro cuerpo, y recogen el dióxido de carbono que resulta del esfuerzo muscular para que los pulmones lo expulsen al exterior de nuestro cuerpo. Pues bien, en una respiración normal, utilizamos, más o menos, la mitad de nuestros alveolos. Durante este tipo de ejercicio, nuestros pulmones ponen en funcionamiento parte de los alveolos que, por lo general, están reposando para que llegue más oxígeno a las partes de nuestro cuerpo que lo demandan.
Practicado asiduamente, el baile puede hacer que parte de esos alveolos que siempre están reposando pasen a estar activos de forma permanente. Nuestros pulmones tendrán la capacidad de inhalar más aire, es decir, más oxígeno y exhalar más dióxido de carbono. Algo muy beneficioso ya que ayuda a paliar o, como mínimo, a suavizar los síntomas de ciertos problemas respiratorios como el asma.

Así, si aumenta la fuerza de nuestro corazón y aumenta nuestra capacidad pulmonar, podemos imaginar los resultados, ¿no? Todo nuestro cuerpo estará mejor oxigenado, por lo que cada vez nos sentiremos menos cansados al realizar cualquier actividad física. Esto hará que cada vez disfrutemos más de cada paso, de cada canción, e, incluso, que pidamos más intensidad en las clases.
También es importante que sepáis que el baile ayuda a controlar los niveles de azúcar en sangre, por lo que ayuda a disminuir el riesgo de sufrir diabetes de tipo 2.
Así mismo, también es de gran ayuda para reducir los niveles de colesterol con todo lo que ello supone para nuestra salud cardiovascular. El baile no sólo ayuda a disminuir los niveles de colesterol malo (LDL) en sangre, también ayuda a aumentar los niveles de colesterol bueno (HDL). Una combinación perfecta para mantener nuestro colesterol siempre a raya.
Además de ser un gran ejercicio aeróbico, el baile también es considerado como un ejercicio de fuerza. Se tonifican grandes grupos musculares, sobre todo de las piernas y el core (en algunas disciplinas como el tango también se tonifican los músculos dorsales y, como no, en disciplinas acrobáticas se tonifica todo el cuerpo). Y, como cualquier ejercicio de fuerza que se precie, ayuda a aumentar la masa ósea, es decir, hace que los huesos se vuelvan más fuertes. Así, practicado con regularidad, puede ayudar a prevenir la osteoporosis.

Otro aspecto muy importante del baile es que ayuda a mejorar la posición corporal. Ayuda a mejorar la flexibilidad de nuestra columna vertebral y a fortalecer los músculos que la soportan. Por lo que, sin darnos cuenta, nuestra posición se va volviendo cada vez más erguida, más segura. Así, se van eliminando, poco a poco, los problemas de salud derivados de malas posturas (cifosis, lordosis, contracturas, lumbalgias…).
Para todos aquellos que os negáis a bailar porque “no tengo coordinación”, os explico: el baile es la manera de mejorar esa coordinación. Sí, y no sólo eso, también ayuda a mejorar la flexibilidad, la agilidad y el equilibrio. Destrezas muy importantes para nuestra salud. Al mejorarlas, nuestro cuerpo estará preparado para responder mejor ante cualquier imprevisto (tropezones, caídas…), reduciendo así las probabilidades de sufrir lesiones.

Además, está comprobado que el baile podría ayudar a mejorar la capacidad de movimiento en personas que padecen ciertas enfermedades neurológicas.
Cómo no, he de decir que el baile es de gran ayuda para combatir el sobrepeso y la obesidad, ya que favorece el drenaje de líquidos y toxinas y la eliminación del exceso de grasa.
A parte de todo esto, no me puedo olvidar de mis queridas endorfinas (hormona de la felicidad). Bailando aumentamos la secreción de esta hormona, lo que hace que nos sintamos mejor y más relajados. Así, vemos que esta actividad es un gran antídoto antiestrés y un gran antidepresivo.


Como veis, no hay excusas. Hasta la persona más coordinada es patosa cuando se le enseña algo por primera vez. Perded el miedo a hacer el ridículo, bailar no es hacer el ridículo. Empezad poco a poco, veréis como os engancha y en pocas semanas no podréis vivir sin él. Os lo pasaréis en grande y, además, notaréis grandes beneficios, ¿qué más podemos pedir? Que suene la música y… ¡a bailar! J


Para cualquier consulta: mejorsiesconsalud@gmail.com

sábado, 6 de septiembre de 2014

NATACIÓN. UNA ACTIVIDAD QUE TODOS DEBERÍAMOS PRACTICAR

Septiembre, ese mes en el que se acaba el verano. Se acaba a finales, pero la gente se empeña en entrar en el otoño el mismo día 1. Las playas se quedan vacías, poco a poco se van cerrando las piscinas municipales, se van abriendo los colegios e institutos y la gente vuelve a su estrés diario.
Con el cierre de las piscinas y el abandono de las playas, muchos dejan de lado una gran práctica, dejan de nadar hasta que se declara oficialmente abierta la temporada estival siguiente. Pensadlo un poco. ¿Cuántos largos habéis hecho este año en la piscina de vuestra localidad? Los que habéis veraneado en la costa, ¿cuántas veces habéis ido hasta la boya más cercana y habéis vuelto? Sinceramente, ¿no os encontrabais mejor conforme acababais de nadar? Entonces, la pregunta es: ¿por qué dejarlo cuando acaba el verano?
Todo el mundo va tomando consciencia poco a poco de lo importante que es realizar algún tipo de actividad física para la salud. Así, podemos ver cada vez más gente apuntándose a gimnasios, corriendo, saliendo en bicicleta… Pero, no sé por qué, mucha gente todavía deja de lado una actividad tan completa como la natación conforme acaba el verano. No, no lo hagáis. Aprovechad que cada vez hay más piscinas climatizadas, apuntaos a una y continuad con esta actividad. Sus beneficios son muy numerosos. Eso sí, sólo los notaremos si nadamos bien. Nadar tiene una técnica, una técnica que mal utilizada puede llegar a lesionarnos, como cualquier otra. Aquí es cuando tengo que hablar del tabú de los cursos de natación.
No sé por qué, cuando se habla de cursos de natación, la mayoría de gente piensa en niños con sus tablas y sus patatas chapoteando en la piscina. Muchos piensan que tras la infancia ya es tarde para aprender a nadar. Craso error, amigos. Nunca es tarde para comenzar a realizar algún tipo de actividad. Todo el mundo puede aprender a nadar, para eso están los cursos de adultos, igual que los hay de niños y de bebés. Si no domináis bien la técnica de nado, por favor, apuntaos a un curso, no sólo lo pasaréis en grande aprendiendo una gran actividad, sino que, además, no tardaréis en notar sus beneficios.
Nadar es un ejercicio muy completo. Digamos que es como si se juntasen varias actividades en una sola: nos proporciona los beneficios cardiovasculares típicos de la carrera continua, nos ayuda a tonificar determinados grupos musculares como si hiciésemos pesas y potencia nuestra resistencia física como el aeróbic y la danza.
Por otro lado, también está comprobado que el nadar ayuda a mantener flexibles las articulaciones del cuello, los hombros y la pelvis. Y, además, es muy bueno para nuestra salud mental, ya que hace que nos olvidemos de las tensiones que sufrimos a diario, el medio acuático ayuda a relajar la musculatura, por lo que nos ayuda a evitar ciertas contracturas y, cómo no, hace que segreguemos endorfinas (la hormona de la felicidad).
También es muy beneficioso para mejorar la circulación sanguínea, ya que la posición en la que nos movemos al nadar (horizontal) ayuda al retorno venoso.
Para todas aquellas personas con sobrepeso, que necesitan perder peso y volumen pero que no pueden salir a caminar y/o correr porque les duelen las rodillas, la natación es una muy buena opción. Primero, se eliminan los impactos que suelen sufrir nuestras articulaciones al trabajar en tierra firme, por lo que ni tobillos, ni rodillas ni caderas sufren. Segundo, el peso de nuestro cuerpo en el medio acuático disminuye considerablemente, por lo que nos podemos mover con mayor comodidad y sin notar ningún esfuerzo excesivo (aunque sí lo realizamos). Tercero, el ir mejorando y aumentando la intensidad de los entrenamientos (poco a poco) hace que se quemen más calorías por lo que va disminuyendo ese peso y ese volumen que sobra. Cuarto, como ya he comentado tonifica los músculos, por lo que evitaremos la flacidez conforme vayamos perdiendo volumen.
También he de hablar de nuestros mayores, aquellos que no quieren ni oír hablar de los cursos de natación por miedo a hacer el ridículo. Os he de comentar que, además de manteneros en buena forma física, la natación os va a ayudar a mejorar la coordinación motora, lo que va a reducir considerablemente el riesgo a sufrir caídas. Por otro lado, está comprobado que el ejercicio físico ayuda a prevenir el cáncer de cólon y a mantener la mente despierta.
Todo esto unido a los beneficios sociológicos que tiene el hecho de realizar ejercicio con otras personas.



¿Qué más le podemos pedir a un deporte? Aprovechad ahora que se abren los plazos de preinscripción para las piscinas cubiertas, apuntaos. No tengáis vergüenza de que os vean en bañador y con gorro (vale, lo del gorro tendría que estar penalizado por ley, pero la higiene es lo primero), todos vestimos igual en las piscinas. Confiad en el instructor, veréis como poco a poco, día a día, semana a semana os vais encontrando mejor, más ágiles, más fuertes, más jóvenes. J